El T-MEC, entre lo técnico y lo político

En palabras de Trump está estancado por la bancada Demócrata; sin embargo, es sabido que para él todo es electoral

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Adriana Sarur / La encerrona / El Heraldo de México

En Estados Unidos, el Congreso funciona de forma similar al de México (respetando parámetros, visión del federalismo, entre otras cosas), al menos en la gestión del tiempo, y aún le quedan muchos pendientes para este año. Los demócratas tienen como prioridad oficializar el impeachment al presidente Donald Trump, la Ley de Egresos y la ratificación del T-MEC. Para los republicanos es de vital importancia evitar la destitución presidencial, empujar la exención de impuestos a energía, reformas migratorias y, también, la ratificación del T-MEC. Por eso, decidieron ampliar su periodo legislativo al 20 de diciembre, lo que abre una rendija para que el nuevo tratado comercial de América del Norte quede listo este año.

A manera de contexto, este documento que sustituirá al TLCAN quedó realizado y firmado el 30 de noviembre de 2018, por Justin Trudeau, Donald Trump y Peña Nieto, -en su último acto oficial-, en el marco del G20 en Argentina. El Senado mexicano lo aprobó el 19 de junio, con las reformas para atender las observaciones del Congreso estadounidense, y el gobierno canadiense también lo ratificó semanas después, por lo que sólo falta la parte estadounidense.

Entonces ¿por qué no se ha firmado por todas las partes? Porque en este momento no es prioridad. En palabras de Trump, el T-MEC está estancado por parte de la bancada Demócrata y los Republicanos ya estarían listos para su ratificación. Sin embargo, es sabido que para Trump todo es electoral y esas culpas repartidas son para quedar bien con quienes dependen del TLC con México. Para Nancy Pelosi, líder del Congreso, también es un tema político y retrasar la ratificación puede beneficiar a su partido, aunado a que no le parece asunto menor los temas en materia laboral, tales como las libertades sindicales, condiciones de trabajo y nivelación de salarios, mismas que deben cumplir los tres miembros y, en los que México está en desventaja.

En este sentido y para abarcar ambos ámbitos, el técnico y el político, desde el Congreso tienen la propuesta de que, para ratificar este acuerdo, se debería colocar una agenda al documento, para que pueda haber supervisión a empresas y a la vida sindical mexicana por parte de los involucrados, a sabiendas que el gobierno de México no lo aceptará fácilmente. Prueba de ello, ayer en la mañanera el presidente López Obrador mencionó que: Están planteando que pueda haber una especie de supervisión sobre el cumplimiento de la Ley, nosotros no aceptamos eso, que haya una especie de inspectores, para ver si una empresa cumple, si se llevó a cabo la elección de manera democrática (en el caso sindical).

Así pues, la firma del T-MEC está inmersa en el campo político y no será sencillo destrabar la negociación para este año. Y, si no se realizara en los primeros días de enero del 2020, se empataría con el inicio de la campaña presidencial en EU, lo que retrasaría la firma hasta noviembre o, incluso, hasta el 2021, año electoral en nuestro país. Este escenario dejaría vigente al TLCAN y al tan anunciado T-MEC en espera —hasta nuevo aviso.

POR ADRIANA SARUR
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@ASARUR




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