El subdesarrollo es producto de la miseria, no la pobreza

Tanto el combate a la pobreza, como la lucha contra la miseria, son competencias directas del Estado, pero se atacan de manera muy diferente

Agustín Barrios Gómez / El norteamericanista / Heraldo de México
Agustín Barrios Gómez / El norteamericanista / Heraldo de México

México vive una crisis de miserabilidad que confunde con la pobreza. La confusión no es un problema meramente de semántica, sino que sustenta muchos de los errores que causan el subdesarrollo. Para evitar entrar en debates sobre sobre definiciones y me dé a entender: hay gente muy rica y muy miserable y gente muy pobre y muy realizada. Cuando hablo de miseria me refiero a aquella pequeñez de mente y espíritu que lleva a la crueldad, al resentimiento y, ulteriormente, al sabotaje de uno mismo, y de otros. La miseria implica la idea de que la felicidad de uno pasa por el sufrimiento de otro. A diferencia de la pobreza material, la miseria es fuente inherente de sufrimiento. Monjes reclusos son pobres en busca de plenitud personal, narcotraficantes multimillonarios sanguinarios son miserables en camino de la perdición colectiva.

Tanto el combate a la pobreza, como la lucha contra la miseria, son competencias directas del Estado, pero se atacan de manera muy diferente. De las dos, la lucha contra la miseria es, por mucho, la más importante. Pero, como es más fácil (y más políticamente rentable) luchar contra la escasez material por medio de subsidios (creando, así, clientelismos), los gobernantes mexicanos se han centrado en la llamada lucha contra la pobreza. El problema es que, si no abates la miseria de una minoría agresora, nunca subsanarás las carencias económicas de la mayoría agredida.

¿Qué significa esto? Primero, premiar la participación constructiva de la sociedad civil, alentando la generación de soluciones de las comunidades e integrando sugerencias sensatas. Luego, castigando las acciones antisociales de todos quienes dañan a la población en su conjunto (CNTE, crimen organizado, gobernantes corruptos, etc.). Se trata de encarecer hasta la prohibición la miseria de la corrupción, la violencia, y el chantaje social de los grupos de interés. Antes que subsidios, las comunidades marginadas necesitan paz y servicios públicos confiables – no hay monto demasiado alto para lograr esto porque la alternativa es la barbarie que se vive en gran parte del país.

En esta columna hemos citado un estimado de que México tiene que neutralizar aproximadamente 500,000 agresores (miserables) que se estima cometen el 80% de los crímenes de alto impacto en nuestro país. Eso significa multiplicar la población carcelaria mientras logras subsanar los otros males sociales que generan esa enorme cantidad de carne de cañón. ¿La solución a la violencia en México son los programas sociales o las políticas punitivas? Ambos. Pero, primero, hay un enorme grupo de mexicanos que, hoy, tienen que ser separadas de la sociedad a la que agreden todos los días. Sólo a partir de ahí los llamados delincuentes de oportunidad podrán ser reintegrados con programas sociales. El combate a la miseria abre paso al combate a la pobreza, no viceversa.

@AGUSTIN BARRIOSG

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