El soplo poético de Carlos Mérida

Al llegar a México, Mérida comenzó a concentrarse en el modernismo

Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

En el Museo Nacional de Arte, una exposición sobre modernistas del siglo pasado pone al espectador frente a la inextinguible exploración en la obra de Carlos Mérida, el gran pintor y muralista nacido en Guatemala y afincado en México casi toda su vida.

Mérida nació en Guatemala en 1891 y estudió en París con Modigliani antes de la Primera Guerra Mundial. No era considerado un innovador, pero era un estudiante entregado al estudio de la pintura modernista, en la que tenía su propia y delicada personalidad, escribió Ken Johnson, crítico del New York Times.

Entre las obras que deslumbran con su luz y colorido sobresale El alcalde de Almolonga, una pieza que Mérida pintó después de volver de París a su natal Guatemala y que retrata a un hombrón de ojos amarillos, ataviado con un traje multicolor y la cabeza cubierta por una mascada naranja.

Esa obra y muchas otras de indígenas y momentos costumbristas fueron pintadas por Mérida en las décadas de 1930 y 1940, cuando su trabajo tuvo una importante influencia de Miró.

Al llegar a México, Mérida comenzó a concentrarse en el modernismo. De esa época provienen algunos textos que permiten atisbar su búsqueda inagotable en el abstraccionismo:

El arte abstracto revalúa tiempo, ritmo, espacio y simetría para crear formas plásticas, evocativas si se quiere, pero nunca simbólicas o, mejor dicho, anecdóticas o literarias; en consecuencia, el arte abstracto nunca se queda en vulgares representaciones gráficas: es un arte bidimensional, basado en síntesis, arte exacto.

La exposición Carlos Mérida, retrato escrito revisita la obra del guatemalteco a 100 años de su llegada a México. Se trata de 290 piezas, pasajes biográficos, remembranzas –entre las que sobresalen el hermoso mapa de México ilustrado por el artista guatemalteco– y fotografías de artistas con los que convivió.

Mérida retrató a un Diego Rivera joven y al arquitecto Mario Pani y toda su familia, una serie también presente en la exposición, uno de cuyos pasajes más importantes presenta a escala los murales que Mérida pintó en importantes edificios de la Ciudad de México y en instituciones de gobierno de Guatemala.

Entre las obras que más celebra el público destacan la del ya citado alcalde de Almolonga, Los hechiceros y Ana bailando, así como el proyecto de biombo que pintó para el antiguo cine Manacar, y El amor anda suelto, en el que con humor retrata a unos chicos con cara de niño Dios, bajo un cielo azul.

Sobre su obra modernista, Mérida escribió:

Me entró el goce de la pintura por la pintura, con la misma frenética pasión que el goce de la música por los sonidos. Este tramo de mi labor comprende un nuevo concepto de la pintura en el que priva el afán de llegar al hecho lírico, al soplo poético; en que las formas carecen de sentido literal y la naturaleza exterior desempeña un ínfimo papel. La liberación del hecho concreto hasta su transformación en hecho plástico.

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