El sentido de la vida

Giacometti enamora por su simplicidad. Sus devastadas y erosionadas figuras congeladas en el espacio

El sentido de la vida

Quién no se pregunta en esta época por el sentido de su existencia y el rumbo de su vida. Esa meditación sobre la condición humana y nuestro conflicto existencial hacen de Alberto Giacometti no sólo uno de los artistas más trascendentes del arte moderno, sino además, uno de los creadores plásticos siempre vigentes.

La semana pasada dos noticias se entrelazaron en ese melancólico pensamiento del sentido de la vida. La primera, el suicidio de Anthony Bourdain; la segunda, la apertura de una de las exposiciones más esperadas del Guggenheim de Nueva York, la retrospectiva de Alberto Giacometti, el máximo representante del existencialismo en el arte escultórico.

De origen suizo, pero casi podríamos catalogarlo como francés, Giacometti es un artista cuya obra parte de la existencia del ser. Inspirado en el cubismo, surrealismo y arte africano, creó un nuevo estilo existencialista de vidas inanimadas.

La mayor parte de su obra se enfocó en representar esqueléticas esculturas en bronce de hombres y mujeres que caminan sin rumbo, o simplemente están de pie rodeadas de la soledad, como sombras alargadas que existen sin ser.

La innovación que más se le celebra a Giacometti es que mientras los artistas de los años 50 se enfocaban en la pintura abstracta, él regresó al arte la figura humana. Sus icónicas esculturas nacieron de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, en un ambiente de falta de esperanza y sentido de vida.

Pero más allá de su redescubrimiento plástico, lo sorprendente de Giacometti fue su capacidad para plasmar tan profundamente los preceptos de una filosofía existencial, que nos dicta que la vida no es nada y a los hombres nos corresponde darle el sentido.

Para su íntimo amigo, el filósofo Jean-Paul Sartre, la escultura de Giacometti estaba siempre a medio camino entre la nada y el ser. Su obra era la expresión intelectual de la ansiedad sobre el destino de la humanidad en la era atómica.

Giacometti enamora por su simplicidad. Sus devastadas y erosionadas figuras congeladas en el espacio, nos develan nuestra fragilidad, y la angustia humana de nuestra existencia, quizá el mismo sentimiento de melancolía y soledad que alcanzó a una mente como la de Bourdain.

Sin duda, para el Guggenheim la obra de Giacometti es trascendental en estos días. De ahí la presentación de esta exhibición, abierta hasta septiembre de este año, que reúne más de 170 piezas de escultura, dibujos y pinturas.

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