El reto que permanece

Se deben trazar estrategias que incorporen a los grupos marginados a la vida económica de los países

Javier García Bejos / El Heraldo de México
Javier García Bejos / Colaborador / Columna Editorial

Hace dos días, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) lanzó el informe Panorama Social 2018, enfocado a la medición de la pobreza en la región.

Además de contar con información sobre la pobreza monetaria, el documento incluye mediciones sobre desigualdad, el gasto social de cada gobierno y los avances relativos a la inclusión laboral de los ciudadanos latinoamericanos.

De lo presentado antier, destacan dos puntos: la pobreza en general se mantuvo constante en 2017, respecto a 2016, sin embargo, la pobreza extrema aumentó en esta parte del planeta.

De acuerdo con el informe, 30.2 por ciento de las personas en la región vivieron en pobreza en 2017, 184 millones, de las cuales 10.2 por ciento se encontraron en pobreza extrema, el porcentaje más alto desde 2008.

Esto significa que, si bien se han implementado mecanismos para detener el avance de la pobreza, lamentablemente no se ha podido hacer lo mismo en su estrato más bajo.

Asimismo, de acuerdo con las proyecciones de la Cepal, para 2018 la pobreza general estaría cayendo 0.6 puntos porcentuales, dos millones de personas menos que en 2017, mientras que la pobreza extrema se mantendría con el mismo porcentaje.

Sobre lo anterior, no cabe duda que la Agenda 2030 debe ser aterrizada y puesta como hoja de ruta primordial en nuestros países.

En concreto, se deben trazar estrategias que incorporen a los grupos marginados a la vida económica de los países; el informe presentado hace hincapié en elevar la participación laboral de las mujeres.

Al mismo tiempo, los sistemas de protección social deberán tomar en cuenta la perspectiva de ciclo de vida, garantizando el ejercicio de los derechos de las personas desde su nacimiento hasta la vejez.

Otro rubro que vale la pena mencionar es la medición de la desigualdad.

Si bien desde 2000, la desigualdad de ingresos se ha reducido significativamente en la región, también es cierto que esta caída se ha desacelerado desde la crisis financiera mundial de 2008.

Mientras que la disminución anual promedio del índice regional fue de 1.3 por ciento entre 2002 y 2008, para los siguientes seis años solamente fue de 0.8 por ciento y entre 2014 y 2017 fue un marginal 0.3 por ciento.

Con esta información, resulta claro que los países debemos trabajar sobre erradicar la pobreza extrema de una vez por todas, al mismo tiempo que se trabaja sobre sistemas de protección que permitan ir reduciendo las desigualdades que tradicionalmente han lastimado a las comunidades de nuestra región.

Entre las principales tareas, está el combate a la informalidad, la inclusión de grupos vulnerables a la vida social y laboral, y sin duda, la reconfiguración de los sistemas de pensiones y salud para garantizar bienestar, sobre todo, para pequeños y mayores. No hay tiempo que perder.

 

Colaborador

@jgarciabejos

 

 

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