El pueblo no es sabio

Se dejó crecer por años al huachicoleo y se volvió incontrolable, a grado tal que rebasó la capacidad para combatirlo

Enrique_Rodríguez
Enrique Rodríguez / Libertad bajo palabra / Heraldo de México

Es muy lamentable ratificar en los hechos lo que tantas veces se advirtió y se pudo haber evitado, la pérdida absurda de vidas humanas en lo que hasta ahora es la peor tragedia derivada de la perforación clandestina en un ducto para robar combustible.

El problema no surgió a partir del 1 de diciembre, lleva implícita una grave responsabilidad de la administración de Enrique Peña Nieto, que no lo atacó con rigor. Esta columna tiene información a través de exfuncionarios de diversas áreas de Pemex que reconocen que el robo de combustibles a gran escala creció con la complicidad por omisión y en muchos casos condicionó la intervención de mandos de la empresa con amenazas de muerte del crimen organizado, que en algunos casos se cumplieron.

Se dejó crecer por años al huachicoleo y se volvió incontrolable, a grado tal que rebasó la capacidad operativa para combatirlo. Lo ocurrido en Tlahuelilpan, Hidalgo la tarde y noche del viernes 18 de enero quedó registrado en diversos videos que muestran hechos incontrovertibles:

El ducto Tuxpan-Tula fue perforado en el kilómetro 226 y cerca de 800 personas se posaron sobre la tubería con bidones y recipientes para robar combustible, entre ellos mujeres y menores de edad.

Se observa la presencia de elementos del Ejército, policías federales y estatales en el lugar, que fueron superados por el frenetismo de la rapiña e irresponsabilidad de los pobladores, quienes no se detuvieron e incluso retaron a los 25 elementos de las Fuerzas Armadas que recibieron la instrucción de no confrontarse para evitar hechos de violencia. La situación se salió de control y produjo la tragedia que marcará a la presente administración.

Las pérdidas humanas serán más de 66 en las próximas horas, la noticia ha dado la vuelta al mundo y sus causas son aún más graves. La falta de oportunidades, condiciones de pobreza y el sometimiento ante la delincuencia organizada, verdadera impulsora del huachicoleo a gran escala, nos muestran que para cientos de personas buscar 500 pesos por el robo de gasolina en un recipiente tuvo como resultado perder la vida. No se debe criminalizar a los pobladores de Tlahuelilpan, también son víctimas de una estrategia fallida que nos enluta con mucha vergüenza.

El gobierno federal ha emprendido una batalla que no tiene retorno, el desabasto es sólo un efecto de la falta de planeación integral que el Presidente y su gabinete deben revisar. De ahora en adelante, el Ejército tendrá que fortalecer su estrategia para vigilar la red de distribución y contener a la población; de lo contrario, tendremos más tragedias como la de Hidalgo, que se pudo haber evitado.

EDICTOS

Alfonso Durazo, secretario de Seguridad Pública, y Omar Fayad, gobernador de Hidalgo, mostraron más solvencia para dar explicaciones técnicas de lo ocurrido en Tlahuelilpan que el propio director de Pemex, Octavio Romero, cuyo desempeño refleja desconocimiento.

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