El primer mitin de la campaña 2020

Trump busca mantener la lealtad de sus votantes y sólo puede hacerlo si lo ven luchar por ellos

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México
José Carreño / Desde afuera / Heraldo de México

El mitin realizado el lunes en El Paso por el presidente Donald Trump para dar nuevo argumento a su demanda de una muralla fronteriza fue el primer disparo de su campaña de reelección y un anuncio de lo que viene.

Trump busca, sobre todo, mantener la lealtad de sus votantes y sólo puede hacerlo si lo ven luchar por ellos, como en el caso de un muro convertido en símbolo de sus temores, sus preocupaciones y sus nociones de lo que deben ser los Estados Unidos.

Esa idea, tan nostálgica como errónea, se basa en la memoria de unos EU patriarcales donde minorías y mujeres conocen su lugar mientras los hombres blancos se hacen responsables y adelantan la libertad.

Pero la presentación de los migrantes latinoamericanos como una invasión y un peligro para la seguridad nacional, en una ciudad que como El Paso esta tan íntimamente ligada con México y los migrantes lleva también riesgos políticos para el mandatario.

Esencialmente, Trump gobierna por división –nosotros y ellos– y a base de excitar los miedos de sus votantes ante los cambios sociales, económicos y étnicos de los Estados Unidos.

La situación se reflejó en el mitin paralelo que demócratas de El Paso, encabezados por Beto O’Rourke, un prospectivo aspirante presidencial que fue diputado por ese distrito.

El mandatario tiene la lealtad más o menos incondicional de alrededor de 40 por ciento de votantes, los mismos que lo llevaron a la Presidencia, gracias a las peculiaridades del Colegio Electoral. Trump no ha agregado a su coalición y si pareciera ceder en alguna de sus promesas perdería parte de su base.

Y la verdad sea dicha, ese grupo ligeramente aumentado podría ser suficiente para reelegirlo.

Trump enfrenta a un Partido Demócrata que aunque unificado en el propósito de derrotarlo parece ahora dividido en tribus que van del centro a la extrema izquierda.

Cada tribu tiene su programa y su candidato y parece dispuesta a debatir y exigir sin conceder o bloquear todo lo posible para hacer prevalecer sus propuestas. Y por supuesto, los republicanos identificaron ya las que parecen más extremas y alguna que contiene o parece socialista en su presentación. Hay en todo caso al menos una veintena de aspirantes a la candidatura presidencial demócrata, y aunque algunos se refieren a la historia y auguran un año de sangre figurativo entre las diversas facciones, otros creen que el debate puede ser beneficioso.

Una clave importante, sin embargo, puede ser si surgiera un competidor serio para Trump en las primarias republicanas: eso implicaría que el aparato político tradicional le perdió el miedo.

Pero si Trump retiene la lealtad de sus seguidores, eso no va a ocurrir, y sus posibilidades de reelección aumentarán.

En todo caso, los Estados Unidos se preparan para una muy larga, muy acrimoniosa y muy polarizante campaña presidencial 2020.

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@carrenojose1

 

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