El Primer Ministro Marcelo Ebrard

Es el #2: ha ocupado las mañaneras y recibido el espaldarazo presidencial

Manuel López San Martín / Definiciones / Heraldo de México
Manuel López San Martín / Definiciones / Heraldo de México

Ebrard, empoderado y a punto de ganar, se titularon estas definiciones la mañana del 7 de junio, justo el día en que el canciller mexicano logró frenar la amenaza arancelaria de Donald Trump. Nuestras fuentes nos adelantaron horas antes que el enviado del Presidente a Washington estaba cerca del éxito, pues le habían sido otorgadas atribuciones que iban más allá de su propio cargo. Con esas herramientas destrabó las negociaciones.

El detalle de lo negociado, pero, sobre todo, la forma daba cuenta de que Marcelo Ebrard estaba en vías de erigirse en una especie de primer ministro o supersecretario del gobierno, con amplias y vigorosas facultades. La forma en que acrecentó su poder y alcance en los últimos 15 días, tomando control y mando de espacios de la administración pública que no caerían en cancha de la SRE, como migración y seguridad fronteriza, denotan no sólo la confianza que el presidente deposita en él, sino el espacio de oportunidad que su propia habilidad y olfato político le abrieron.

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Desde que arrancó el sexenio, Ebrard optó por el bajo perfil. Navegó casi sin entrevistas. Cuando se pedía una charla con el canciller, la respuesta era previsible. Se está administrando, comentaban sus cercanos. Todo cambió con la amenaza de Trump. El secretario debió saltar al primer plano sin así haberlo calculado. Ahora avanza movido por la inercia, tejiendo fino para no salir golpeado.

La primera negociación fue exitosa. Obtuvo sus dos irreductibles: no a los aranceles y no a convertir a México en tercer país seguro. Eso lo empoderó. Libró al país de una crisis económica. El Presidente se lo agradeció en público y le dio manga ancha para cumplir el compromiso adquirido, reducir el flujo de migrantes hacia el norte del río Bravo, porque lo que fue una innegable victoria podría regresarle como bumerang si Ebrard no tenía facultades para operar. De ahí que AMLO lo designara a la cabeza de la comisión para dar seguimiento y ejecutar lo pactado. No es que el canciller decidiera rebasar sus atribuciones o brincarse a sus compañeros de gabinete, sino que las circunstancias así lo acomodaron. Y, claro, él lo aprovechó. Abarca cuanto puede y si puede más, más. La política es la búsqueda del poder y Ebrard es un político profesional.

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Sí, sí hay celos dentro del gabinete. En varias mesas del equipo presidencial lo ven con resquemor. Nadie como el canciller ha ocupado las mañaneras ni ha recibido el espaldarazo presidencial.

Ebrard es el #2. En Gobernación, quienes delineaban –porque ya no- y ejecutaban –tampoco ya sucede- la política migratoria, han quedado reducidos a espectadores. Son adorno. Tonatiuh Guillén fue removido –aunque se disfrazó de renuncia su salida- del Instituto Nacional de Migración y el subsecretario Alejandro Encinas está rebasado, en gran medida, por su propia estrategia de tejer dentro, pero aislarse hacia fuera. Hay un supersecretario. Se llama Marcelo Ebrard.

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@MLOPEZSANMARTIN

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