El PRI no decepciona: defrauda

El propio secretario general del CEN del tricolor, Arturo Zamora, votó dos veces en Zapopan, Jalisco

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Alvaro Delgado / Historia de lo inmediato / Heraldo de México

No decepcionó el PRI en la elección de su nueva dirigencia nacional, este domingo 11, y fue consecuente con su historia: consumó otro proceso fraudulento contra sí mismo.

Desde que el tabasqueño Carlos Madrazo Becerra intentó democratizar al PRI en los 60, y literalmente murió en el intento, hasta la formalización del triunfo de Alejandro Moreno alias Alito, el PRI ha impartido cátedra sobre los viejos e innovadores mecanismos para hacer a su interior las mismas trampas contra sus adversarios en su nonagenaria existencia.

El propio secretario general del CEN del PRI, Arturo Zamora, votó dos veces en Zapopan, Jalisco: La primera lo hizo con una credencial de elector ajena y, al ser descubierto, regresó más tarde para volver a votar con la propia. En ambos casos, los funcionarios de la casilla –priistas, claro– avalaron la maniobra fraudulenta.

Si el segundo dirigente en la jerarquía del PRI tiene este comportamiento –la primera es Claudia Ruiz Massieu, sobrina del Carlos Salinas, emblema del fraude–, quién puede creer que hayan acudido a votar un millón 664 mil 229 priistas –33% de los 6 millones y medio de miltantes registrados–, de los cuales Moreno obtuvo 1 millón 407 mil votos e Ivonne Ortega con 144 mil 130 mil sufragios, 84% y 8%, respectivamente.

El partido está en su peor situación desde su creación, en los 90 años que tenemos como partido está hoy en una profunda crisis, diagnosticó Francisco Labastida Ochoa, el candidato presidencial del PRI perdedor, en el 2000, ante Vicente Fox y quien acusa a Enrique Peña Nieto de ser el responsable de esa situación.

El presidente Peña fue el peor Presidente que hemos tenido en México, quizás en toda nuestra historia del siglo XX y del siglo XXI. Su tolerancia a la corrupción y a algunos actos de corrupción que le imputan generaron el rechazo al partido que el partido está pagando.

Muchos lo han olvidado, porque hubo alternancia en el 2000, pero Labastida intentó ganar la elección mediante fraude electoral con el desvío multimillonario de recursos públicos conocido como el Pemexgate y, antes, ganó la candidatura presidencial del PRI con un fraude electoral a Roberto Madrazo. Este personaje, hijo de Madrazo Becerra –el mismo que quiso democratizar al PRI–, tomaría revancha contra Labastida, en 2002, al imponerse, también a través del fraude, en la elección interna de dirigencia acompañado de Elba Esther Gordillo, maestra en las sucias prácticas de la adulteración electoral.

Labastida apoyó la candidatura de Beatriz Paredes que fue aplastada por Madrazo y Gordillo, en una elección sucia tramada por la delincuencia organizada priista, como la definió María de los Ángeles Moreno a las prácticas de defraudación de la planilla ganadora.

Hubo quien creyó que el nuevo PRI, con Peña Nieto, renunciaría a la defraudación. Mentira. Primero se le impuso a Manlio Fabio Beltrones y luego, en la constitucional, la ganó a billetazos. El PRI no puede ser democrático. No está en sus genes. Así morirá.

POR ÁLVARO DELGADO

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@ALVARO_DELGADO

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