El pilar de la tradición

La pertenencia a un equipo es un fenómeno generacional; los padres la heredan a sus hijos y estos a los suyos

El pilar de la tradición

Aveces cuando se le pregunta a los niños pequeños por qué son fans de tal o cual equipo, algunos directamente remiten a los argumentos que les dan sus padres o hermanos mayores, pero para aquellos que iniciaron la tradición hablar del inicio implica ver miradas perdidas en lontananza, y un cambio en la voz mientras rememoran y narran aquellas jugadas y momentos que los emocionaron y cautivaron, que captaron su atención, despertaron su entusiasmo y enraizaron la lealtad en sus corazones.

El americanismo le debe una parte de esos momentos a Héctor Miguel Zelada. Nacido en Santa Fe, Argentina, el 30 de abril de 1957; debutó en el 1975 con Rosario Central, pero su sueño era pertenecer a un gran equipo, con tradición, resonancia y que arrastrara multitudes. Llegó a México en 1979, cuando el América estaba en un momento bajo, aunque ya era un equipo muy consolidado. En aquel tiempo había pocos extranjeros en el futbol mexicano. Sus primeros pasos fueron inseguros, pero perseveró y finalmente se quedó definitivamente en el equipo titular.

Así llegó la semifinal de la temporada 82-83. Las Chivas Rayadas del Guadalajara se enfrentaron a las Águilas del América y, aunque estos últimos eran favoritos, el marcador final favoreció a los rayados. Uno año después ese resultado tuvo un impacto inesperado. Durante la final de la temporada 83-84 se volvieron a encontrar. El América-Chivas es El Clásico del futbol nacional, pero esa es la única vez en la que se enfrentaron en esa instancia.

El primer partido fue en Jalisco y culminó con un empate a dos, luego de que los locales remontaron. Así, unos animados rojiblancos llegaron al Azteca a enfrentarse a unas águilas que sabían que traían la carga de los dados en contra. La remontada reciente y el resultado de un año antes se cernía encima como un peso casi físico que empeoró en el minuto 26, tras la expulsión de Manzo, lo que dejó al América con 10 hombres en la cancha.

Luego vino el error que se convirtió en penal. Eduardo Cisneros lo cobró y Héctor Miguel logró pararlo, el estadio enloqueció y al final, las Águilas se alzaron con el campeonato. Tras el triunfo se inició una racha dorada: el equipo hiló el título de la siguiente temporada y el primer Prode en 1985, cuando el torneo largo se dividió en dos cortos. En todos esos torneos, Zelada fue protagonista y lo llevaron al Salón de la Fama del Futbol, un reconocimiento que se hizo esperar más de lo debido.

De carácter franco, abierto y sin miedo de expresar sus orgullos y aquellas opiniones que pudieran parecer incómodas. Los medios lo siguen buscando pese a sus diferencias con algunos periodistas y directivos, la gente lo adora y la afición lo recuerda con cariño, su trabajo es respetado por propios y extraños, por fans y antagonistas, como sólo le pasa a los grandes.

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