¿El peor de la historia?

Es importante establecer una diferencia entre un encuentro espectacular y uno mal jugado

¿El peor de  la historia?

El comentario que más he escuchado posterior al Super Bowl LIII nada tiene que ver ni con el inobjetable triunfo de Nueva Inglaterra, de la dinastía que ha conformado en las dos últimas décadas, del pobre desempeño del ataque de Carneros, o, en contraste, de la brillante actuación de su defensiva.

Un grupo considerable de aficionados afirma que éste ha sido el peor Super Bowl de la historia. Ciertamente es el de menor puntuación, tan sólo 16 unidades entre los dos equipos, que destacan con una campaña en la que los touchdowns cayeron a manos llenas, y en la que los encuentros de playoffs, principalmente de la Conferencia Nacional, produjeron finales dramáticos.

Pero un servidor no comulga con ese comentario. Por principio de cuentas hay que establecer la diferencia entre espectacular, y mal jugado.

Desde luego que el encuentro del domingo anterior no fue espectacular, sin grandes jugadas ni momentos que serán recordados para la posteridad. Pero debe destacarse el duelo estratégico de ambos coordinadores defensivos, Brian Flores, oficialmente hasta ayer entrenador de linebackers de los Patriotas, y ahora entrenador en jefe de Miami, ante el legendario Wade Phillips de Los Angeles, que cuenta en su alineación titular con siete jugadores seleccionados en la primera ronda del Draft, una marca de Super Bowl. Y es cierto, las defensivas no generan espectáculo.

El concepto me recuerda un tanto a Floyd Mayweather, uno de los mejores peleadores de la historia, que elevara el boxeo defensivo y de contragolpe a nivel de arte, pero que no satisfacía a las masas.

Con un plan de juego maestro, Nueva Inglaterra sacó de la ecuación al ataque aéreo de Carneros basado en coberturas personales, casi perfectas, limitó el ataque terrestre, y presionó continuamente a Jared Goff, cuya línea fue incapaz de darle tiempo.

Del otro lado, y pese a que estuvo mucho tiempo en el terreno, la defensiva de Los Angeles no se doblegó. Capturó a Tom Brady, cosa que no había sucedido en la postemporada, evitó al máximo las jugadas grandes, y sólo permitió 13 puntos, incluyendo un touchdown.

Es una realidad que todos quisiéramos un Super Bowl como el del año pasado entre Águilas y Patriotas, sin respiro, de toma y daca, y del que por cierto, mucho se habló de sus defensivas, aunque no aparecieron. Pero es imposible que siempre se dé un duelo así.

También nos han tocado partidos que se cargan completamente de un lado, y están resueltos a la mitad del tercer cuarto. El juego del domingo mantuvo el interés hasta los últimos instantes, en los que los Patriotas de despegaron definitivamente, dando ambos cátedra defensiva.

De manera que no fue espectacular, pero si bien jugado.

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