El otro lado del PIB

La economía nos ha enseñado que el único factor que importa para construir una buena sociedad es la producción de bienes, pero la gente se ha olvidado de que una sociedad está compuesta de algo mucho más que gente que consume, vende, gana y pierde inversiones

María Cristina Olivares Mieres/ El Heraldo de México/Columnista
María Cristina Olivares Mieres/ El Heraldo de México/Columnista

La línea que sigue el mundo en el que vivimos está orientada hacia una realidad materialista, donde lo que produce mayores ganancias monetarias es lo que es valorado. En cierto punto no es malo pensar constantemente en estrategias que favorezcan el rendimiento dentro de una economía. Pero, ¿alguna vez nos hemos parado a pensar si esta mentalidad ha causado efectos secundarios?

La mentalidad que hoy en día hemos desarrollado sobre el valor que le damos a las cosas contribuye altamente a hacer menos a la mujer y restarle importancia y potencial. En un mundo donde creemos que el bienestar de una persona puede ser medido simplemente por números y porcentajes, restamos importancia al rol que varias mujeres desempeñan dentro de la sociedad, la maternidad.

La economía que rige nuestras vidas y usa el PIB para medir el bienestar de la comunidad, ha contribuido a moldear personas que no valoran el rol de una mujer en el desarrollo de la economía y la sociedad.

Cada vez es más común ver a mujeres incorporándose a la vida laboral y asumiendo cargos que antes eran sólo ocupados por el sexo opuesto. Sin embargo, la mayoría de las mujeres dedican mucho más tiempo que los hombres al trabajo no pagado. Gran parte de sus vidas se la pasan trabajando para sus familias, producen bienes para sus hogares, por lo tanto, para la economía, en realidad, no generan un PIB que altere los números.

Aunque en términos matemáticos sea correcto, esta forma de pensamiento ha creado que la maternidad reste valor a la mujer dentro de la sociedad. Que no se vea el potencial ni los ladrillos que levanta a diario para construir un futuro. Que se crea que la mujer, por ser quien normalmente dedica parte de su vida a su casa y familia, es inferior.

La economía nos ha enseñado que el único factor que importa para construir una buena sociedad es la producción de bienes, pero la gente se ha olvidado de que una sociedad está compuesta de algo mucho más que gente que consume, vende, gana y pierde inversiones. Que está construida por personas que adquieren ciertos niveles de ética, moral, inteligencia, sentimientos, valores y aprendizajes para poder convivir adecuadamente.

Una sociedad no sólo necesita el PIB que la encomia mide y valora. También necesita el PIB que la mujer a través de la maternidad se esfuerza por producir diario dentro de una casa. El PIB que genera ganancias morales y éticas. El PIB que le añade valor a los aprendizajes y la inteligencia de los miembros de una comunidad. El PIB que es imprescindible para crear un futuro sostenible. El PIB que debe empezar a ser mejor valorado.

Es necesario darnos cuenta que dentro de nuestra forma de pensamiento existen aún patrones que nos llevan a contribuir a la desigualdad de género. Es necesario estar conscientes que la medición del bienestar humano va mucho más allá que los números en una escala y que, por lo tanto, el trabajo que una mujer desempeña dentro de una casa no debe ser minimizado.

Porque, así como el PIB que mide la economía es sumamente importante, el otro lado es también necesario para subsistir. Paul J. Meyer dijo una vez que La productividad nunca sucede por accidente. Siempre es el resultado del compromiso, la excelencia, la inteligencia, la planeación y el esfuerzo. Es una realidad que todo lo anterior debemos aprenderlo de alguien, por lo tanto, es imposible subir los escalones para llegar a la productividad y generar ganancias económicas, sin el otro lado del PIB.

POR MARÍA CRISTINA OLIVARES MIERES
*María Cristina Olivares Mieres es estudiante de preparatoria. Tiene 16 años.


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