El noviazgo y la violencia contra la mujer

Las personas que se encuentran en una relación violenta, están inmersas en un círculo del que se les dificulta salir

Dulce Ma.  Méndez de la Luz Dauzón / Diputada Movimiento Ciudadano
Dulce Ma. Méndez de la Luz Dauzón / Diputada Movimiento Ciudadano

En cualquiera de sus tipos y en sus diversos ámbitos de ocurrencia, la violencia contra las mujeres no puede, ni debe de ser tolerada. Afortunadamente, en las últimas décadas, el Estado mexicano, derivado de sus compromisos internacionales, ha iniciado un proceso de adecuación jurídica e institucional para erradicar cualquier forma de violencia contra las mujeres. No obstante, estos esfuerzos no han completado la tarea e incluso podemos decir que, en algunos casos, las resistencias han fortalecido los patrones socioculturales de discriminación.

El noviazgo no ha sido la excepción, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), tres de cada 10 adolescentes denuncian que sufren violencia por parte de su pareja. En México, nueve de cada 10 mexicanas, entre 9 y 12 años, han sido agredidas durante su relación amorosa (Mesta y Sánchez, 2016).

La relación de noviazgo se da en cualquier etapa de la vida y la violencia puede ser ejercida por cualquier integrante de la pareja, pero es en la adolescencia y en contra de las mujeres donde las encuestas reflejan la principal problemática, resultando ésta, en actos dirigidos a dominar, someter, controlar o agredir de manera física, verbal, psicológica y sexual a las mujeres que mantienen una relación de convivencia sin vínculo marital.

De acuerdo con el Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve), la falta de información y reconocimiento son los principales elementos para entrar en este círculo de confusión, en donde se pueden presentar diversos tipos de violencia justificados en el amor romántico. Las personas que se encuentran en una relación violenta, están inmersas en un círculo del que se les dificulta salir.

La violencia en el noviazgo adolescente trae afectaciones físicas y emocionales, tales como, embarazos, depresiones, problemas de autoestima y dificultad para tomar decisiones. Las consecuencias pueden ser aún más graves e incluso llegar al feminicidio. Esta lamentable situación se presenta en todas las clases sociales y en personas con distintos niveles educativos.

Erradicar esta problemática es una labor urgente para el Estado mexicano. Desde el Poder Legislativo, es necesaria la creación de acuerdos que fortalezcan el marco jurídico que garantice a las mujeres su derecho a vivir libres de violencia en cualquier espacio, incluido el noviazgo. A pesar de que esta modalidad se puede equiparar con la violencia familiar, se requiere enmarcar de manera separada y especial este delito y visibilizar la atención que demanda, en el interés de garantizar los derechos humanos de la juventud. Es fundamental la generación de políticas públicas preventivas que faciliten su reconocimiento y atención. Es necesario también, promover en las encuestas oficiales indicadores que focalicen y muestren la realidad de esta problemática de manera permanente y actualizada.

Como diputada trabajo en propuestas que contribuyan, atendiendo que éstas no limiten las libertades fundamentales de las mujeres y se garantice el reconocimiento, goce y ejercicio de sus derechos humanos.

 

Diputada federal de Movimiento Ciudadano

@dulcemariamld

 

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