¿Qué quieren los mexicanos?

Generalmente, se creen víctimas; creen que los que "tienen" es por deshonestos. Les gustaría que hubiera una mejor "distribución de la riqueza", como si ésta fuera un pastel de tamaño fijo

Agustín Barrios Gómez / El norteamericanista / Heraldo de México
Agustín Barrios Gómez / El norteamericanista / Heraldo de México

¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?, preguntó Chava Flores en 1954. Hoy, la falta de respuesta a ésta pregunta (simple, mas no sencilla) sigue siendo el principal freno para el desarrollo nacional.

Como en casi todos los países, en el nuestro hay una diversidad infinita de aspiraciones. Para simplificar: las clases medias, altas, y la mayoría del norte del país quiere desarrollo económico. No les interesan los subsidios y creen que se merecen lo que tienen, sin considerar el sinnúmero de circunstancias que los sustentan. Creen en la meritocracia y la igualdad de oportunidades. Creen en la idea de generar riqueza por medio de la productividad.

La clase media baja y los grupos marginados urbanos quieren programas sociales que les cubran carencias materiales que tienen muy presentes por dos razones: 1) los medios y la publicidad promueven el ultramaterialismo aspiracional, 2) conviven con gente relativamente rica y anhelan lo que tienen. Generalmente, se creen víctimas; creen que los que tienen es por deshonestos. Les gustaría que hubiera una mejor distribución de la riqueza, como si ésta fuera un pastel de tamaño fijo. No lo es.

Siguiendo con nuestra generalización burda, pero útil, la clase criminal y los políticos corruptos coinciden en querer un Estado débil.

Les conviene que el gobierno no tenga las herramientas para combatirlos y que México se rija por la ley del más fuerte, por la simple razón de que ellos lo son. En sus zonas cooptan y gobiernan y están bajo la ilusión de que eso les conviene. Mientras este grupo de personas no sea apaciguado con un esquema efectivo de premios (por reintegración) y castigos contundentes, seguirán frustrando las aspiraciones del resto del país.

Los indígenas y las poblaciones del sur son los más conflictuados. Ellos viven en la eterna lucha entre la modernidad y los valores ancestrales. No están dispuestos a hacer los sacrificios que demanda la modernidad (como desapegarse de la tierra), pero quieren los servicios de salud y de alimentación subsidiados que sólo provee una economía moderna.

De un total de 167 millones de mexicanos y sus descendientes, casi el 25 por ciento vive fuera. Su sueño es el sueño americano de libertades individuales y consumismo. Otro tanto haría lo mismo, si pudiera. Más claro ni el agua: cualquier interpretación del deseo del mexicano tiene que incorporar lo que docenas de millones de nosotros estamos buscando en Estados Unidos.

Todo este ruido social nos mantiene sin rumbo porque se manifiesta en políticas confusas. Pero queda claro que los intereses de algunos mexicanos (criminales, caciques) son ilegítimos y deben ser suprimidos.

Los que desean superarse deben ser canalizados con educación para que puedan cumplir sus anhelos. Los que ya tienen las herramientas deben ser potenciados para usarlas en México, y no en el extranjero.

Chava Flores se equivocó al criticar la indolencia del mexicano. La realidad es que su problema no es ser flojo (no lo es), sino confundido por ignorar lo que realmente quiere y cómo conseguirlo.

*Presidente de la Fundación Imagen de México, y conductor de ADN40 News

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