El “muy lejano” 2024 (I)

Las actuales tendencias muestran que los panistas están lejos de convertirse en auténticos retadores

Jesús Ángel Duarte Téllez   / Heraldo de México
Jesús Ángel Duarte Téllez / Heraldo de México

Ante el cambio de régimen y la transformación profunda del sistema político y económico del país, conviene reflexionar sobre la posible evolución que tendrán las principales fuerzas partidistas.

Si bien lo políticamente correcto es afirmar que el 2024 está aún muy lejos, es claro que el ascenso al poder (o la conservación del mismo) es producto de estrategias calculadas, ejercicios de planificación y de movimientos de ajedrez que requieren de condiciones básicas como: proyección desde espacios de toma de decisiones, captación de reflectores, alianzas estratégicas, organización de estructuras, entre otras.

Mediante una serie de colaboraciones plantearé una aproximación del panorama que podría comenzar a vislumbrarse para cada partido, el cual nos permita ir ubicando algunos personajes e hipótesis.

Como primer ejercicio, me estaré enfocando en el Partido Acción Nacional.

Partamos de una realidad indiscutible: un presidente que cuenta con el respaldo de 8 de cada 10 mexicanos, un partido-movimiento gobernante con gran dominio y mayoría estable en el Congreso, y una serie de partidos de oposición que se encuentran dispersos, divididos y confundidos, tanto en lo fundamental como en lo coyuntural.

Se supone que el Partido Acción Nacional constituye la segunda fuerza política del país y el principal opositor al nuevo régimen en edificación.

Sin embargo, no se siente ni se proyecta como tal.

Pero no sólo eso, las actuales tendencias para los próximos procesos muestran que los panistas están lejos de convertirse en auténticos retadores.

¿Qué le espera a Acción Nacional de aquí a las elecciones intermedias del 2021? Para empezar, con la salvedad de algún acontecimiento extraordinario, es muy seguro afirmar que será derrotado contundentemente en las dos gubernaturas en juego para este año: Puebla y Baja California.

De las doce gubernaturas que actualmente ostenta el PAN, es muy factible y realista que llegue al 2021 con tan sólo nueve; de todas las gubernaturas que se pelearán en las intermedias, sólo se ve competitivo (medianamente) en Querétaro, Chihuahua y San Luis Potosí.

¿De dónde emergerán sus liderazgos preponderantes para el 2024? De tres fuentes: algún gobernador, las coordinaciones parlamentarias a partir del 2021 o la dirigencia nacional del partido. En ese orden de ideas, valdría la pena dar seguimiento a los gobernadores Sinhue de Guanajuato (su verdadero bastión) y Domínguez, de Querétaro (el personaje con mayor influencia entre su bloque de gobernadores), así como al actual coordinador de los diputados Romero Hicks.

A México le conviene tener una oposición fuerte y bien organizada, que sea capaz de fungir como verdadero contrapeso ante el Ejecutivo federal.

Sería saludable que tanto el PAN como el resto de las fuerzas opositoras sepan ir adquiriendo el rol que les corresponde en esta nueva etapa del país.

Veremos si están a la altura del reto.

 

jrr

 

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