El muro… sigue el problema

Podría decirse que la valla es un símbolo del proteccionismo y parte de las ideas aislacionistas de Trump

José Carreño
José Carreño / Desde afuera / Heraldo de México

 

 

A menos que ocurra algo casi milagroso, el cierre parcial de gobierno de los Estados Unidos rebasará este fin de semana los 30 días, el más largo de la historia, impulsado literalmente por un capricho político: construir un muro en la frontera con México.

El desacuerdo entre el presidente Donald Trump  y el Congreso se inició a mediados de diciembre, cuando la mayoría republicana en el Senado se declaró incapaz de conseguir los votos necesarios para aprobar 5.7 mil millones de dólares que el mandatario pidió fueran incluidos en el presupuesto general. Trump anunció que no firmaría la ley de presupuesto y a partir del 21 de diciembre, 800 mil empleados no esenciales del gobierno estadounidense dejaron de recibir salarios. Y ahí empezó un conflicto que trasciende el muro fronterizo.

Para el 3 de enero de 2019, el choque ya no fue entre la Casa Blanca y el Senado republicano, sino entre Trump y los líderes demócratas del Congreso, especialmente la representante Nancy Pelosi, que encabeza la nueva mayoría de la Cámara baja y una política hábil y veterana.

A partir de ese momento ha sido un juego de póquer en el que Trump se vio obligado a asumir públicamente la responsabilidad del cierre de gobierno, y por tanto  de efectos que ya van de pérdidas comerciales y temores sobre el impacto económico del cierre a problemas penales para miles de personas presuntamente empleadas.

Para fundamentar su demanda de recursos para el muro, una promesa electoral que ahora define su gobierno, Trump amenazó con declarar una emergencia nacional que le permitiría también sustraer fondos de otros programas de gobierno para financiar la construcción.

Podría decirse, y quizá algún académico concuerde, que el muro es un símbolo del proteccionismo comercial, la postura antimigrante y en alguna medida las ideas aislacionistas de Trump y una buena parte de sus seguidores.

Pero también que esas posturas han llevado al gobierno Trump a una serie de derrotas domésticas y posiciones externas que debilitan cada vez mas su política exterior.

Trump, sin embargo, sigue empeñado en el muro pese a que la mayoría de los estadounidenses se opone a él y a que sus aliados republicanos en el Congreso parecen convidados de piedra en la partida.

Algunos indican que el problema es uno de ver quien pestañea primero: si la Casa Blanca termina su veto no tendrá como obligar a los demócratas a negociar, y si los diputados demócratas negocian sin que el paro de labores haya cesado, le darán un arma a Trump.

Peor todavía: la propuesta de Trump sobre el muro ha cambiado más de una vez desde que la propuso, pero igual, los habitantes de la frontera –demócratas, republicanos e indecisos– dicen que es un gasto inútil.

Pero en la polémica el muro y su costo económico es lo de menos. Ahí lo que esta en juego es el futuro del gobierno de Trump y  concepciones de gobierno, parte den debate tan viejo como los EU: ¿dónde empieza y donde termina la autoridad del Presidente?

 

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@carrenojose1

 

 

 

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