El Muro. Por Rossana Ayala

KM 38 del maratón XXXIV de la CDMX: llevo más de cuatro horas corriendo y no puedo más. Hoy a mis cuarenta y tantos me he vuelto algo masoquista

¿Qué necesidad tengo de hacerme esto? Venga Ross, debes seguir y llegar a la meta, con dignidad, la frente en alto y una sonrisa en el rostro; se lo prometiste a tu hijo Salvador, te lo pro- metiste a ti misma, me repito una y otra vez.

Ya no corro con las piernas, no las siento; corro con el corazón, aunque éste casi se me sale por la boca…. Repite conmigo: Vamos tú puedes. Pero no puedo, estoy a punto de desfallecer, de desplomarme; estoy ante lo que los corredores experimentados llaman El Muro. El mismo que llega sin avisar.

Es un sitio en el que chocas con tu cansancio, tu agotamiento. Es entonces cuando el cuerpo te dice ¡Basta! ¡Para! No más, has llegado al límite de tu capacidad o a donde te alcanzó tu entrenamiento.

En ese momento se pone a prueba la fe en ti mismo, se activa un viejo instinto de supervivencia junto con tu capacidad para seguir.

No hay técnica para superar El Muro. Cada corredor lo logra a su manera, a veces con música, pensando en la familia, los amigos, con palabras de ánimo o poniendo la mente en blanco y dando una zancada cada vez, y si logras relajarte y enfocarte lo suficiente, de pronto sucede: te viene un golpe de energía, un empujón de ánimo que nace de tu interior y de pronto te da un levantón, un impulso del que no sabías que eras capaz, que hace que casi te olvides del cansancio.

Y es que, lo admito: No fui hecha para esto de ser atleta. De niña nunca destaqué en actividades deportivas y fue precisamente por eso que me gustó correr. Lo hacía en la Laguna del Nainari de Ciudad Obregón, en los cerros en Monterrey o aquí en Los Viveros de Coyoacán y después el Bosque de Tlalpan.

Descubrí, a fuerza de trote y sudor, que el verdadero reconocimiento no es obtener el oro, sino superar tus propios límites; cada día: primero la pereza, luego caminar, después trotar, para llegar a correr, hasta que de pronto te das cuenta que tu cuerpo ha ganado fuerza, mientras tu mente y espíritu se fortalecen.

Hoy sigo siendo una corredora normal, de esas que ves en las mañanas. Paré de correr cuando mis hijos nacieron y en sus primeros años, y después lo retomé por urgencia, por necesidad… corrí por mi vida.

He superado algunos muros, otros no, pero aprendí que siempre es posible retomar una carrera a pesar de cualquier obstáculo.

KM 42 del Maratón: Mis ojos fijos al frente. ¡No lo puedo creer! Veo los enormes relojes digitales que anuncian la META. Sé que nunca ganaré una carrera o haré un tiempo para presumir, pero ahora entiendo que ¡¡la vida es como correr!! Sólo kilómetro a kilómetro, con esfuerzo, constancia y el apoyo de los que amas y te aman, sacarás fuerzas para superar tus propios muros, llegar a la meta y ser mejor persona.

AYALA.ROSS@GMAIL.COM

@AYALAROSS1

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