El mundo y la Cuarta Transformación

La idea central es reactivar la economía ahí en donde existe más pobreza; el tren, el impulso del Istmo, la refinería, son proyectos que responden a esa lógica

Javier García Bejos / El Heraldo de México
Javier García Bejos / El Heraldo de México

El mundo tenía los ojos puestos en México el sábado pasado. Por primera vez, un gobierno emanado de la izquierda llegaba al poder, acompañado de una mayoría en el Congreso que no se observaba desde hace más de tres décadas. Un jugador global como México, una de las economías más grandes y que de acuerdo con múltiples estudios, será uno de los 10 países con mayor producción en 2030, inauguraba un periodo de gobierno con un nuevo discurso caracterizado por una crítica al modelo económico implementado en el país hace 30 años. Esta nueva visión parece mirar hacia adentro. Desde la posición respecto a alimentos o hidrocarburos, se lee la búsqueda de una menor dependencia del comercio internacional para favorecer los mercados regionales de consumo. La idea central es reactivar la economía ahí en donde existe más pobreza; el tren, el impulso del Istmo, la refinería o la siembra de árboles maderables son proyectos que responden a esa lógica.

Esto es una gran idea y habrá que soportarla de muchas cosas más que el propio presupuesto, y tendremos que pensar en cómo preparar a la población en esta región.

La visión para resolver los problemas en donde han surgido ciertamente es diferente a lo que se venía planteando, sin embargo, aún falta que la nueva narrativa defina el papel que jugará México en el mundo. Sobre ello, hay frentes que se deben atender. Con Estados Unidos y Canadá se ha esbozado una iniciativa para pasar de acuerdos comerciales a sociedades que generen desarrollo en el hemisferio, mientras que, mirando al sur hacia Centroamérica, se ha presentado una nueva oportunidad respecto a la migración y la inclusión de grupos desprotegidos.

Del mismo modo es necesario definir cómo nos veremos frente a los países asiáticos, brutalmente competitivos por mercados y capitales, al nuevo Brasil que surge entre muchas cenizas, y de cara a Europa, en un momento con una economía mundial que no despunta y empieza a generar dudas sobre el periodo de expansión que la animó en los últimos años.

El anuncio sobre el cierre de oficinas de promoción en el exterior, como ProMéxico, implicará que uno de los retos del canciller Ebrard sea dinamizar las actividades de embajadas y consulados, porque en un mundo donde buscar inversiones y facilitar negocios significa generar acciones proactivas, la bandera de nuestras capacidades en el extranjero será puesta a prueba. Así, será deseable entender cómo veremos y cómo nos verá el mundo en la agenda de la Cuarta Transformación, que debe fundamentalmente enviar señales de liderazgo, crecimiento, rumbo y certidumbre.

Al final, en el contexto global, todos somos socios de todos, los mercados no tienen banderas ni partidos y los capitales aterrizan en donde pueden hacerlo. El México del siglo XXI, entonces, debe seguir aspirando a ser una potencia, resolviendo los múltiples retos adentro, pero también poniendo en la perspectiva mundial un acento de inquebrantables ganas de crecer como jugadores globales.

 

Javier García Bejos

colaborador

@jgarciabejos

 

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