El monopolio de cinturones

Con lazos comerciales básicamente exclusivos con Washington, y una contrarrevolución que exige independencia, Puerto Rico es increíblemente inestable

Camila Gómez Díaz Barreiro / Columna Crónica Atómica  / Opinión El Heraldo
Camila Gómez Díaz Barreiro / Columna Crónica Atómica / Opinión El Heraldo

En Puerto Rico, la cosa se puso seria.

Fue tal la presión que causó la movilización social la última semana en San Juan —capital del Estado— que el gobernador Ricardo Rosselló, renunció a su cargo. Detrás de la jubilosa iniciativa que caracterizaba a los protestantes, yacía la tan característica corrupción latinoamericana en el gobierno.

Por otro lado, el tono misógino, homofóbico y oscuro impregnado en conversaciones del gobernador con sus colaboradores, recientemente filtradas al público, finalmente derramó el vaso. Un vaso que llevaba llenándose desde hace 13 largos años.

La debacle económica producida en 2006 por Estados Unidos frente a la suspensión de un acuerdo comercial con la isla caribeña, fue el gran detonador. A partir de entonces, varias compañías abandonaron el territorio puertorriqueño, disparando los índices de desempleo y de pobreza.

Frente al aumento de la deuda, el gobierno efectuó recortes presupuestales vinculados con políticas de austeridad que apretaron tanto el pantalón del gasto público, que tuvieron que mandar a hacer un nuevo cinturón.

Mientras tanto, y como de costumbre, el monopólico proveedor de cinturones esperaba —de piernas cruzadas— aquel momento para entrar a resarcir el daño que él mismo provocó.

Así es: el famosísimo Tío Sam ansiaba la hora en la que Puerto Rico (su Estado libre asociado) lo buscara desesperado para entonces imponer su ayuda condicional.

Así fue como en el año 2016 Estados Unidos ofreció reestructurar la deuda, a cambio del establecimiento de una junta federal de supervisión que se encargaría de controlar el presupuesto. El acuerdo, la declaración de bancarrota y el paso del huracán María (en 2017) fueron los eventos que sucedieron a continuación.

Ahora, frente a la actual renuncia de Ricardo Rosselló, el futuro que aqueja a Puerto Rico es incierto.

Con lazos comerciales básicamente exclusivos para Washington, esfuerzos fallidos para formar parte de la federación estadounidense y una contrarrevolución que exige la independencia de la isla, la estructura política de la región es increíblemente inestable.

Aunado a ello, la impopular clase política se enfrenta a una tarea difícil: recuperar la confianza de un pueblo que históricamente ha sido sometido.

POR CAMILA GÓMEZ DÍAZ BARREIRO
@CAMILAGOMEZDB

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