El mito del olfato

Una investigación reciente echa abajo la idea de que el olfato humano es inferior al de los mamíferos

El mito del olfato

Hace unos días, Leila, la perra que vive con la familia hace poco más de cuatro años, se extravió cuando ambos trotábamos en los alrededores del Metro Ermita, cerca de Tlalpan. Es fácil identificarla: mediana, rubia y con una estampa semejante a la de un lobo.

Aturdido, no pude mencionarle ni uno de estos rasgos al taquero del puesto en donde Leila se detuvo a husmear y un segundo después desapareció. Me puse algo histérico y comencé a correr sin ninguna dirección, gritando su nombre en vano durante breves minutos que me parecieron una eternidad.

Finalmente decidí regresar a casa, y cuando estaba a la vuelta de la esquina, Leila apareció con su pelambre color miel y el collar morado del cual pende una placa con su nombre y el teléfono de casa.

Leila pudo regresar gracias a su bien desarrollado sentido del olfato. Si no han visto a un perro olfatear, se han perdido todo un espectáculo: la nariz al ras del piso se contrae y se expande como un pequeño malvavisco al fuego, al tiempo que se estremece en breves espasmos, a la izquierda o la derecha –según la guíen los olores hallados– como un pequeño y maravilloso cuerpo dotado de vida propia.

La negra nariz de Leila hurgó entre las jardineras, las hojas secas de las banquetas y los postes donde suele detenerse cuando pasea por la calle. Olfateando aquí y allá pudo hacer por si misma –ayudada sólo por su inquieta nariz– la ruta de regreso a casa.

Técnicamente, yo hubiera podido hacer lo mismo que Leila. Sólo que los humanos no entrenamos nuestro sentido del olfato. ¿Un perro o un tigre tienen una mayor capacidad olfativa que las personas? No en realidad. Se trata de un viejo mito que la ciencia acaba de derrumbar.

John P. McGann, un especialista en neurociencia dedicado a estudiar el olfato en la Universidad de Rudgers, publicó hace unos días una investigación que echa por tierra la idea de que el sentido del olfato humano es inferior al de otros mamíferos como los perros y los roedores, una tesis compartida en el siglo XIX por Paul Broca, un neuroanatomista francés que subrayó la pequeña talla del bulbo olfativo de las personas con el tamaño de otros animales, más grande proporcionalmente.

La tesis de Broca influyó el pensamiento de Sigmund Freud, quien escribió que un atrofiado sentido olfativo podía hacer a los humanos susceptibles de sufrir enfermedades mentales.

A lo largo del siglo XX la idea de esta notoria incapacidad fue compartida por muchos biólogos, antropólogos y psicólogos.

Las investigaciones de McGann confirman que aunque el sistema olfativo de los humanos tiene algunas diferencias respecto a otros mamíferos, es en general similar en términos neurobilógicos y en capacidades sensoriales.

McGann dice que el sistema olfativo de los humanos es diferente al de otros animales en formas que sugieren que podría ser más poderoso que el de los ratones y los gatos.

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
OpiniónEl invencible Lázaro

El invencible Lázaro