El mito de la felicidad

Uno debe ser feliz siempre, y punto. Está de moda. Y en esa búsqueda de la felicidad, lo único que hay es un sentimiento de infelicidad

Brenda Jaet / Caprichos millonarios / El Heraldo de México
Brenda Jaet / Caprichos millonarios / El Heraldo de México

Últimamente me siento presionada por ser feliz. No nada más yo tengo que ser feliz, tengo que hacer feliz a todos los que me rodean, de hecho pareciera que es mi obligación.

Como mamá, como esposa, como amiga, colega, tengo que hacer feliz a todo el que me rodea. Fuera jetas y caras largas, uno debe ser feliz siempre, y punto. Está de moda. Y en esa búsqueda de la felicidad, lo único que hay es un sentimiento de infelicidad. He leído un sinnúmero de artículos y libros sobre la felicidad y también he entrevistado a maestros en la ciencia de la felicidad sólo para darme cuenta que nada de ello ha traído a mi vida eso: la felicidad. Y no vayas a creer, mi querido lector, que soy una amargada. No. Pero tampoco soy una feliz castañuela regalando sonrisas por doquier. Me considero una persona normal, con altas y bajas, que disfruto de muchas cosas de las que hago, afortunada en muchas áreas de mi vida y agradecida con ello, pero también me enojo, me pongo triste y me frustro. Además creo que el concepto de la felicidad en este mundo moderno ha degenerado.

Hay numerosos estudios que te dan paso a paso una guía de cómo ser feliz, mas yo creo que la felicidad es momentánea, la alegría es la que perdura. No sé bien qué es la felicidad, pero estoy segura que es sinónimo de comodidad y escape del dolor. La doctora Shefali Tsabary, con quien platiqué en su reciente visita a CDMX, explica muy bien el concepto. Ella dice que nos pasamos la vida buscando la felicidad con la idea de necesito estar feliz, con lo que estamos sugiriendo que no somos felices, que nos falta algo, y viendo la vida a través de un lente de escasez de algo que no tenemos, mandando esta energía al universo de que nos falta algo, estando decepcionados. También dice que como padres lo que buscamos es que nuestros hijos sean felices, y hacemos todo lo posible para que lo sean sin darnos cuenta que es justamente en esos momentos de crisis en donde crecemos, donde aprendemos quiénes somos y de qué estamos hechos. El dolor en la vida es inevitable y es parte de estar vivos. El dolor nos incomoda y nos hace reajustarnos para poder adaptarnos, eso es resilencia. Shefali dice que la clave es enseñar a nuestros hijos a mantenerse en contacto con su poder interior y a no sentirse derrotados por cómo se va presentando la vida. Así desarrollaran habilidades para convertir cualquier situación en una oportunidad. Debemos explorar nuestra propia relación con el dolor para transformarla en algo positivo. Mientras decidimos si la felicidad es un capricho o no, estudios revelan que 50% de nuestra felicidad está determinada genéticamente, 40% está determinada por el comportamiento que tenemos, y sólo 10% por las circunstancias. Por lo tanto, podemos interferir en la parte del comportamiento y de las circunstancias, es decir en 50%. ¿Cómo? Durmiendo más, haciendo ejercicio, saliendo al aire libre, comiendo más pescados ricos en omega 3, teniendo mejor postura corporal y sonriendo. Pero quizá el descubrimiento más importante para estar feliz es manejar el arte de estar presente, ser mas espiritual y estar agradecido.

Por BRENDA JAET

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