El México en el que matan periodistas

La impunidad acompaña el asesinato de periodistas. Son tan comunes, que ya ni ocupan las primeras planas

Manuel López San Martín / Definiciones / Heraldo de México
Manuel López San Martín / Definiciones / Heraldo de México

El martes por la noche asesinaron a Norma Sarabia. La mataron a tiros llegando a su casa en Huimanguillo, Tabasco. Ella fue la octava periodista asesinada en este 2019 y la décima desde que comenzó el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. Es tan común ya, que la noticia no ocupó la primera plana de algún diario nacional. Norma había recibido amenazas de muerte. Nadie la protegió. Hoy está muerta.

El miércoles por la mañana, el periodista Marcos Miranda fue secuestrado en Boca del Río, Veracruz. Su esposa, María del Pilar Gasca, denunció que su marido había sido intimidado por Eric Patrocinio Cisneros, secretario de Gobierno del estado. Nadie la escuchó. Nadie atendió. Ayer jueves, fue liberado en medio de un enfrentamiento entre policías y sus secuestradores. De milagro, vivió para contarlo. Lo que no han podido hacer 149 periodistas que, del año 2000 a este 2019, han sido asesinados.

En México matar periodistas es fácil. Quién lo hace tiene 99% de posibilidades de no ser detenido, de nunca ir a juicio, de jamás pisar la cárcel (Artículo 19). La impunidad acompaña los asesinatos. También la indolencia de las autoridades que a veces no investigan, y otras, están detrás de los crímenes. Más de la mitad de los ataques a comunicadores vienen de alguna autoridad.

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No son sólo cifras. En seis meses y medio del actual sexenio, 10 periodistas han sido asesinados. A Jesús Alejandro Márquez Jiménez, Diego García Corona, Rafael Murúa Manríquez, Jesús Eugenio Ramos Rodríguez, Reynaldo López, Samir Flores Soberanes, Santiago Barroso, Omar Iván Camacho, Telésforo Santiago Enríquez y Norma Sarabia Garduza, los mataron las balas del crimen, sí, pero también las de la impunidad.

Desde hace por lo menos una década, México es el país más violento para ejercer el periodismo en América, y uno de los más peligrosos del mundo. Sólo Afganistán y Siria han registrado más muertes de reporteros. Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto hubo 47 asesinatos. Para como va la tendencia, este sexenio romperá el récord.

Matar periodistas se puede, porque quienes debieran garantizar libertad de expresión, son quienes buscan sepultarla. Los encargados de proteger a los comunicadores rara vez encaran el tema y son contadas las autoridades estatales que implementan mecanismos de protección. Y cuando matan a un periodista, algunos no se dan ni por enterados. Si el caso no conmociona a la opinión pública, hay carpetazo. Nadie investiga. Nadie castiga.

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Las buenas intenciones para frenar la espiral de crímenes, no bastan. El mecanismo de protección a personas defensoras de derechos humanos y periodistas que depende del subsecretario de Derechos Humanos de Gobernación, Alejandro Encinas, no parece estar a la altura de la crisis. O se revisa y se invita a organizaciones y colectivos, y se atiende e incorpora a periodistas y medios, o de nada servirá. Será, por desgracia, sólo cuestión de tiempo antes de que llegue el siguiente asesinato.

POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN

[email protected]

@MLOPEZSANMARTIN

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