El mensaje en un castigo

Por sus comentarios, Steve King, republicano racista, fue despojado de asignaciones en dos comités

José Carreño
José Carreño / Desde afuera / Heraldo de México

El castigo a Steve King, un diputado abiertamente racista y de derecha, parece anunciar una nueva época para un Partido Republicano que en los últimos años ganó reputación como refugio para extremistas religiosos y políticos conservadores.

Ciertamente el que fuera partido de Abraham Lincoln no dejará de ser cercano a sectores con ideologías a la derecha del centro, pero no tan cerca como tras la llegada de Barack Obama al poder en 2008, cuando la raza del mandatario provocó una airada reacción de grupos nacionalistas blancos, alentada luego por la elección de Donald Trump.

En el caso de Steve King, uno de los más conspicuos y abiertos portavoces antimigrantes del Congreso estadounidense, la gota que derramó el vaso fue una declaración en la que se quejaba de que nacionalismo blanco, supremacista blanco, civilización occidental, ¿cómo se volvió ofensivo ese lenguaje?.

Pero la pregunta parecía vacua en un país donde esas tres expresiones son sinónimos invocados frecuentemente por grupos racistas y neonazis.

El escándalo llevó a que el liderazgo republicano de la Cámara baja, que trata de recuperarse de una brutal pérdida de la mayoría y de 40 curules en las elecciones de noviembre, determinara despojar a King de sus asignaciones en dos comités legislativos —incluso el de Agricultura, importante para el congresista de Iowa—.

Nadie cree en un súbito cambio de ideas para un partido que inició su viraje a la derecha en los 60 y se convirtió en defensor a nivel local de grupos de derecha y aspirantes a veces demasiado cercanos con sectores religiosos conservadores, neonazis o de supremacía blanca.

Esa posición se refleja también en posiciones conservadoras, a veces extremas, respecto a temas de género, familia y cultura.

Uno de los principales efectos fue una expresión militante en contra de los inmigrantes, especialmente indocumentados, que fue abrazada por el ahora presidente Trump.

Pero analistas políticos auguran una situación difícil para los republicanos, cuya base parece constituida principalmente por hombres blancos de clase media y clase media baja rurales, cada vez más limitados a los estados del centro y sur de Estados Unidos.

Esos fueron justamente los que en 2016 dieron el triunfo al presidente Trump en el colegio electoral hace dos años, y los que el mandatario trata ahora de mantener a su lado con su actual retórica de crisis en la frontera.

Pero Trump perdió en votos totales por tres millones de sufragios y los republicanos perdieron los comicios legislativos de noviembre por algo más que eso, como reflejo de la creciente defección de minorías étnicas y sexuales, mujeres y hombres blancos educados hacia el Partido Demócrata.

Para Trump, y en especial para los republicanos, el problema está en cómo evitar mayores pérdidas y cómo recuperar a grupos centristas repelidos por lenguaje como el de King, sin perder a su base de derecha.

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@carrenojose1

 

 

 

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