El mareo del presidente de la Corte

La presión de los últimos días y el enfrentamiento entre poderes se hizo patente en la Corte y ante López Obrador

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Martha Anaya / Alhajero / Heraldo de México

Como muchos otros –comenzando por el Presidente de la República- , seguíamos el discurso del presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Luis María Aguilar, cuando de pronto el ministro detuvo su lectura, sonrió de una manera quasi infantil y pidió ante el Pleno: -Necesito unos momentos para sentarme…

Llevaba 50 minutos leyendo de pie. Desde páginas atrás, se notaba que le estaba pesando el recuento de actividades, que era muy largo y –por lo que veríamos escasos minutos después- que se estaba sintiendo mal.

Hasta que no pudo más. Andrés Manuel López Obrador, Martí Batres y hasta Porfirio Muñoz Ledo –a quien le cuesta trabajo estar de pie- se levantaron de inmediato y cedieron el lugar al ministro presidente.

Un fuerte aplauso resonó en el salón para arropar al ministro presidente. El médico se acercó. Aguilar Morales, de por sí de tez muy blanca, lucía más pálido. Tomó aire, sorbió un poco de agua, agarró fuerzas y decidió seguir.

Le llevaron el micrófono a su lugar –entre AMLO y el presidente del Senado- y desde ahí, saltándose páginas, llegó al punto central de su mensaje; aquel que todos esperábamos: su posición, la del Poder Judicial, frente al Ejecutivo, frente al propio Andrés Manuel y sus críticas.

Esa parte la comenzó el ministro con una pausa y una frase del prócer al que el tabasqueño tanto admira, Benito Juárez: Nada por la fuerza, todo por la razón y por el derecho. La frase del benemérito caía como anillo al dedo ante la disputa entre poderes –envuelta en el litigio de la baja de los salarios, el nombramiento del próximo ministro y de la sucesión en la presidencia de la Corte- que hemos atestiguado en los últimos días.

López Obrador escuchaba, pero su expresión ya no era de desafío, como suele hacerlo en casos similares. Ahora parecía más inquieto por la salud del ministro y lo que pudiera ocurrirle ahí mismo. Y no era el único.

Afortunadamente, aquello no pasaría a mayores y Luis María Aguilar cerraría –tras subrayar la importancia de la independencia del Poder Judicial- con un nada, ni nadie, sobre la Constitución. El Presidente de México saldría de la SCJN del mismo modo que entró: por la puerta lateral –hecho inédito en un mandatario-, debido a una protesta en la puerta principal. Detrás de él partirían el consejero jurídico, Julio Scherer –quien acompañó al Presidente a su llegada-, Alfonso Durazo y los secretarios de la Defensa y de Marina. Sólo la secretaria de Gobernación y ex ministra de la Corte, Olga Sánchez Cordero, y Muñoz Ledo se quedarían a la comida (anteriormente todo el gabinete se quedaba). El ambiente se relajó. Luis María Aguilar lucía mejor. El médico lo había revisado. La presión bien; el corazón, también. Nada de qué alarmarse: un leve mareo sería el diagnóstico. Los ministros bromearían entonces a su presidente: ¡Lo que haces para que te aplaudan…!.

GEMAS: La medalla Belisario Domínguez va este año para el fundador de La Jornada, Carlos Payán, y para el fundador de Proceso, Julio Scherer García (q.e.p.d.).

 

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@marthaanaya

 

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