El maratón lo hacemos todos

“No es más fuerte quien llega primero, si no aquel que disfruta haciendo lo que hace”: Kilian Jornet

Rossana Ayala / Pasión por correr / Heraldo de México
Rossana Ayala / Pasión por correr / Heraldo de México

Tal vez no tenga el recorrido llano de las calles perfectas de Berlín, ni las espectaculares vistas arquitectónicas de París o la altitud al nivel del mar de Nueva York, y tal vez, tampoco vengan los corredores más famosos del mundo, pero el Maratón de la Ciudad de México, que se celebra este domingo en su edición número 37, es nuestro, y tiene lo que muchos otras competencias, con mejor ranking en el mundo no tienen: corazón y un entusiasmo desbordante, tanto de los que corren, como de los que hacen de este evento una fiesta en la ciudad, y salen a apoyar con todo a los participantes.

Porque el Maratón CDMX lo hacemos todos, desde los atletas de élite que vienen de otros países –la mayoría africanos–, o los mexicanos que se preparan profesionalmente para hacer su mejor tiempo, hasta la gran mayoría de amateurs, que corren no sólo por una marca, sino por el reto personal que significa estar ahí y ser parte de algo grande. Pero igual lo hace la gente que ese domingo deja de lado su descanso y se prepara para salir a dar un grito de aliento, un aplauso, mostrar un cartel para animar a alguien o el que comparte un pedazo de fruta, una barra de proteína o un dulce para dar un poco de energía a los cansados y esforzados maratonistas.

Porque nuestro maratón está hecho de las miles de historias de todos y de cada uno de los corredores. Historias que inundan ese día las calles, convertidas en fiesta, y por las que dejan de circular autos para que se muevan los peatones. Lo mismo las historias de corredores con capacidades diferentes, que corren no con sus piernas, sino con la fuerza de sus brazos rodando velozmente sus sillas o de alguien más que los empuja, que la de una pareja de corredores, uno con discapacidad visual y otro que le presta sus ojos para ver el camino, o la de un adulto mayor que con todos sus años no se arredra ante el reto y avanza a paso lento, pero con una dignidad y fortaleza que sorprenden y emocionan.

Y bueno, a los que corren disfrazados de Kaliman o de El Santo, a éstos no los ves en ningún otro maratón del mundo, si correr con pantalón corto y tenis es duro, con esos trajes y hasta con máscara debe ser aún más. Eso sí, se llevan las ovaciones más fuertes del público y hay que reconocer que tienen gracia.

Disfrutemos de este evento y compartamos la Pasión por correr, quienes no lo corran salgan, animen y apoyen, no lo vean como algo fastidioso, porque cerraron las calles por unas horas. Seamos respetuosos. A quienes lo vayan a correr disfrútenlo, para eso entrenaron por tantos meses. Seamos corredores honestos, colguémonos la medalla que nos merecemos y no hagamos trampa. Al cruzar la meta levantemos los brazos para festejar una victoria totalmente personal y privada, y si te dan ganas de llorar, hazlo sin recato como los antiguos héroes griegos lo hacían al ganar una batalla.

 

 

POR ROSSANA AYALA

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@AYALAROSS1

abr

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