El ingrediente que falta

Lo que no se ve con suficiente claridad es ese espíritu de emprendimiento político que requiere un momento como el presente

Alejandro Poiré / Opinión El Heraldo de México
Alejandro Poiré / Opinión El Heraldo de México

Me preguntaba dónde están los liderazgos opositores nacionales, siendo éstos quienes debieran acotar el daño hecho por las peores políticas gubernamentales. El caso de Dos Bocas es muy ilustrativo. Se trata de una pésima decisión (que la refinería la hagan Sener y Pemex), sobre otras previas ya de por sí malísimas (hacer una refinería nueva, el lugar donde se piensa construir, etc.).

Pero el escándalo correspondiente carece de voz política. Se escucha primordialmente a especialistas fácilmente desdeñables por el Presidente y su mayoría en el Congreso. Insisto, no se trata de que no haya voces que se opongan al gobierno. El asunto es que sólo si tienen expectativa de respaldo en las urnas, significan una amenaza real para Morena y el gobierno. Quizá los mercados lo castiguen con dureza, pero temo que ese costo se lo acabe asignando AMLO a sus colaboradores y no a sus propias malas decisiones. Es decir, persistirá.

Hay varias razones para la invisibilidad de la oposición. La más importante es que los partidos tradicionales, entrampados en las canonjías de un pésimo sistema de financiamiento y regulación de la competencia, insisten en pelearse por un pastel que despedazan cada vez más, en lugar de repensar su propia razón de ser.

¿Cómo esperar que de estos partidos venga una reflexión sincera sobre sus desaciertos pasados, y sobre la renovación urgente que requieren? ¿Cómo suponer que desde ahí se escuche una voz autocrítica y razonable que tenga autoridad frente a la presidencia mañanera? Se antoja difícil.

Otro vehículo son los nuevos partidos políticos, pero sus potenciales liderazgos están totalmente abocados a la realización de asambleas y recopilación de firmas que deberán acreditar ante el INE para competir en 2021.

Aunque se entiende hasta ahora la estrategia conservadora, ante el temor de que el gobierno bloquee sus esfuerzos, quizá una ruta más vocal y visible sería verdaderamente generadora del entusiasmo ciudadano que debiera impulsarles. Pero los incentivos no están ahí, porque en otra joya de nuestro sistema de partidos, éstos sólo se pueden crear cada seis años. Hoy queda claro eso a quién beneficia.

Las individualidades que tienen potencial para enarbolar la tarea opositora no son pocas; existen muchas personas que ocupan cargos de elección popular local y federal, así como ex funcionarios y líderes de organizaciones sociales y empresariales con convicción de servicio público.

Pero es bien distinto querer figurar a estar dispuesto a construir. Hace falta más que la convicción de estar en lo correcto o de estar en sintonía con la preocupación de muchas personas.

Lo que no se ve con suficiente claridad es ese espíritu de emprendimiento político que requiere un momento como el presente.

Donde la pregunta para quien aspira a liderar sea menos quién le apoya, sino más cómo se construye una coalición. Donde más que mostrar disposición a encabezar, se ofrezca compromiso para crear bases compartidas sobre las cuales colaborar. Y sin embargo, al ritmo que va el gobierno actual, la ambición para oponerse sólo se incrementará.

dc

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