El humo de todos los sexenios

Apagar incendios —reales o de palabras— cuesta tiempo y más esfuerzo

Verónica Malo / El Heraldo de México / Tres en Raya
Verónica Malo / El Heraldo de México / Tres en Raya

No es nuevo. Cada seis años, los políticos en turno deciden reinventar México. Inician obras públicas que dejarán su huella y olvidan otras como recordatorio de la ruina que es el país. Llegan los nuevos pensando en descubrir el hilo negro y, en su soberbia, no son capaces de escuchar consejo; ni siquiera preguntar razones.

Y aunado a eso, y a la nata que nos anula como nación, se genera una deforestación campal. Participan particulares y gobiernos (basta ver la devastación realizada en los manglares de Dos Bocas, Tabasco; su extensión equivale a 40 Zócalos de la Ciudad de los Palacios). Dicha desertificación no augura nada bueno. Inundaciones por el mar, mayores destrozos por huracanes y un desequilibrio en el hábitat que tardará más de 30 años en recuperarse (eso suponiendo que traten de recuperar/reforestar de los manglares, y no se destruya nada adicional).

Las quemas intencionadas (para abonar terrenos de cultivo), las no intencionadas (que caen como anillo al dedo a proyectos inmobiliarios), las provocadas (basura al aire libre o una fogata mal apagada), las entretenidas (¿se divierte quemando llantas?), las naturales (un rayo sobre un tronco), también suceden todos los años, no importa la administración.

Si siempre pasa, ¿por qué este año la quema perfecta se detecta desde el espacio?, ¿por qué la cantidad de hectáreas quemadas fue superior a otros años? 140 incendios forestales de gran magnitud en 21 estados son excesivos; 82 siguen activos, 36 fueron sofocados y otros 22 están en proceso de ser apagados (lunes 13, 11:45 pm). Lo peor: los incendios se concentran en bosques y selvas, donde las pérdidas ecológicas, en biodiversidad, maderables y económicas son inmensas.

Aunado a la insensatez de haber disminuido el presupuesto de la Comisión Nacional Forestal, la dependencia que reporta incendios forestales en 50%, de recortar los dineros de programas sin conocer consecuencias y de otras decisiones tomadas por los responsables en Hacienda. Además de los aluxes en Semarnat que cancelaron el programa de empleo temporal para prevenir incendios, sin entender que con este se abren surcos, se recogen ramas y se monitorean distintas zonas, y las probabilidades de incendio bajan.

Culpar sólo a autoridades de la desgracia es una insensatez. Al igual de soslayar nuestras culpas de fuegos clandestinos, planeados o por omisión. Es momento de que gobierno federal y locales revaloricen la necesidad de mantener programas, aunque sean anteriores a la 4T (por ejemplo, un protocolo preventivo para la CDMX para anticiparse a las contingencias —esas sí— forzosas).

Ya va siendo hora de que los habitantes seamos responsables de nuestros actos. Apagar los incendios —reales o de palabras— cuesta tiempo y más esfuerzo que mantener limpias las sendas y las discusiones. Depende de todos. Cada quien desde su parcela debemos ayudar a apagar/no crear fuegos; de seguir cómo estamos solo tendremos un humo que será de todos, como todos los sexenios…

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@MALOGUZMANVERO

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