El gobierno Trump, entre la realidad y la percepción

Al finalizar su primer año en la Presidencia, su gobierno parece ir a trompicones, de crisis en crisis, hacia una meta vagamente enunciada

El gobierno Trump, entre la realidad  y la percepción

En 2013, el empresario y político aspirante Donald Trump afirmaba que el cierre de gobierno que en ese momento enfrentaba Estados Unidos por desacuerdos en el presupuesto, se debía a la incapacidad del presidente Barack Obama para hacer tratos con la oposición.

El ahora presidente Trump no sólo culpa a la oposición demócrata, sino los acusa de querer debilitar al país por su demanda de incluir la solución a los soñadores –unos 800 mil jóvenes criados en EU por padres indocumentados–, que él mismo propició hasta que sus asesores más radicales le aconsejaron lo contrario.

Pero la cambiante posición de Trump respecto a los soñadores refleja mucho las raíces del problema que enfrenta EU. Para Charles Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado, negociar con Trump es comparable a tratar de hacerlo con una gelatina: no tiene posiciones sólidas.
En Estados Unidos y el mundo, el juego de la política descansa mucho en certidumbres y valores entendidos, en intercambios y confianza, incluso entre opositores.

Eso hace la diferencia entre la realidad y la percepción.

Se cuenta que a fines de 1952, el entonces presidente saliente Harry S. Truman auguraba que su sucesor, el general Dwight Eisenhower, no la pasaría bien.
Se sentará aquí, y ordenará: ‘¡Haz esto! Haz aquello! ‘Y nada sucederá… Lo encontrará muy frustrante, indicó Truman en referencia al orden militar al que Eisenhower, comandante de las fuerzas aliadas en Europa, durante la Segunda Guerra Mundial, estaba acostumbrado, y las limitantes y condicionamientos del mundo político.

Y con las debidas salvedades de tiempo, distancias, personalidades y circunstancias, algo como eso enfrenta el ahora presidente Trump. Se puede alegar, que como empresario, Trump, estaba en un ambiente mas vertical y de reacciones mas rápidas que lo que enfrenta hoy, pero también que tampoco tenía experiencia con el rejuego de fuerzas políticas y factores de poder.

Al finalizar su primer año en la Presidencia, su gobierno parece ir a trompicones, de crisis en crisis, hacia una meta vagamente enunciada como hacer grandes otra vez a EU.

Ciertamente, el país está de pie y no está cerca ni mucho menos, de perder su poderío. La propuesta económica de Trump parece desarrollarse con firmeza, aunque en parte, gracias a una aceleración que entra en su octavo año y pone al desempleo cerca de niveles históricamente bajos.

La historia es diferente en lo político. El bienestar económico no se refleja en la popularidad de Trump, que casi lleva un año completo por debajo de 40% de aprobación.

Su directo estilo personal y su alianza con los sectores más derechistas le han dado una base política sólida, pero combinada en el polarizado ambiente político estadounidense, también fortaleció a una oposición que parece alcanzar cada vez más segmentos sociales.

En términos de politica exterior, especialistas celebran la suerte de Trump: no ha enfrentado una crisis mayor, tipo 11/S, que hubieran hecho necesario contar con el respaldo de aliados que desconfían de las políticas de Trump.

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