El Frente, un muerto viviente

La credibilidad del Frente y su solidez política y programática se esfumaron, y con ellas, las posibilidades de competir verdaderamente el año que entra

El Frente, un muerto viviente

Desde el 4 de septiembre pasado, cuando se anunció la conformación del Frente Ciudadano por México, la idea no pintaba nada bien. Primero se habló de un Frente Amplio Opositor. Luego, que no, que se trataba de un Frente Ciudadano no electoral. Todo era mentira, un insulto a la inteligencia o un mal chiste. Claro que se trata de un frente cuyo objetivo es, en primera instancia electoral, y sin ciudadanos.

Era evidente que la ambición de poder los juntó y esa misma ambición acabó con ellos. Hoy el frente está en fase terminal, es cuestión de horas para que se expida su acta de defunción. Morirá por inanición.

Si habría que señalar a un responsable del fracaso de ese Frankenstein opositor sería Ricardo Anaya, uno de los creadores del engendro. Paradójicamente, Anaya podría ser, al mismo tiempo, la principal víctima. Me explico.

El Chico Maravilla se creyó el mote. Se vio como Presidente de México y se jugó el todo por el todo para conseguirlo. Ricardo Anaya embarcó a su partido en un Titanic político condenado a naufragar. Consciente de que el PAN solo no podría ganar la Presidencia, decidió aliarse con su antítesis, el PRD, y con el advenedizo Movimiento Ciudadano.

La soberbia lo cegó. Afloró su inexperiencia. Pensó que sería fácil imponerse a las tribus perredistas como candidato presidencial del Frente Ciudadano por México. Pero se topó con pared. Creyó que manipulando los tiempos y el método de selección arrebataría candidatura. Desde el principio se antojaba imposible pensar que los perredistas votarían por un panista y viceversa, como finalmente ocurrió.

La soberbia de Anaya se sumó a la agenda personal de Alejandra Barrales, presidenta del PRD, y a la ambición y pragmatismo de Dante Delgado, el dueño de Movimiento Ciudadano. La diferencia fue que mientras Anaya rompió con quienes tuvo que romper y coptó a quienes tuvo que coptar para controlar al PAN, Barrales nunca tuvo el dominio de las distintas corrientes perredistas que terminaron imponiéndose. Dante Delgado, como viejo lobo de mar, solo se lamía los bigotes. Apostó a imponer a Anaya como candidato y, en caso de ganar la elección, convertirse en el hombre fuerte del gabinete. Las profundas diferencias,  previsibles al sentido común, provocaron que ni siquiera se registrara el convenio de coalición del Frente.

Luego de que el PRD cerrara filas y propusiera a Miguel Ángel Mancera como su candidato a la Presidencia, el diagnóstico es claro. El propio Dante Delgado dio un ultimátum, que vence el viernes, para salvarle la vida al Frente y evitar el ridículo. Pero el daño ya está hecho. La credibilidad del Frente y su solidez política y programática se esfumaron, y con ellas, las posibilidades de competir verdaderamente el año que entra.

BON APPÉTIT

El Senador Luis Armando Melgar es, por mucho, el aspirante más fuerte a la gubernatura de Chiapas. Al día de hoy, más de la mitad de los chiapanecos (53%) votaría por él. Es probable que el Partido Verde repita en la gubernatura de Chiapas.

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