El fin de la historia

Los males del mundo no han terminado e incluso se incrementan

Adriana Sarur / La encerrona / El Heraldo de México

¿El fin de la historia? Este es el título de un ensayo que escribió el politólogo estadounidense Francis Fukuyama al finalizar la guerra fría, en el cual sostenía que al caer el comunismo, la era de la democracia y de la economía de mercado nos libraría de todo mal. Después de 30 años podemos ver que no es así. Los males del mundo no han terminado e incluso observamos que se incrementan. Los dichos de Fukuyama han quedado atrás y la fe en el neoliberalismo para llegar a la prosperidad parece que no alcanza para satisfacer las demandas de los ciudadanos.

Por más de treinta años se nos ha venido repitiendo que el consumo, el debilitamiento del Estado y la fuerza en el mercado autorregulado nos llenaría de felicidad, que los pobres se verían beneficiados del efecto cascada y que las clases medias podrían acceder a las mieles de la riqueza. Se eliminaron los fusiles y pusieron en nuestras manos tarjetas de crédito. La aspiración al crecimiento económico como mantra. Se creyó por mucho tiempo que las épocas de movilizaciones sociales y revueltas se habían terminado. Votar y consumir como fórmula para mantener a los gobiernos y las sociedades en paz.

Alrededor del mundo experimentamos el despertar de este sueño, que se convirtió en una pesadilla, la ciudadanía mira cómo se esfumaron los sistemas de pensiones, vivienda digna, salud, educación y de movilidad social. Aquella clase media aspiracional mira con desesperación para abajo y ya no hacia la clase privilegiada, hoy es más fácil caer en la pobreza que acceder a la riqueza. La culpa no es solo del mercado, los gobiernos tienen responsabilidad y la sociedad lo sabe.

En este sentido, hoy el mundo es una gran olla de presión que comienza dentro de las sociedades más desiguales, lo vemos en Sudamérica, donde jóvenes millenials y la generación posterior, estas que no tienen acceso a seguridad social y nada que perder, hoy deciden tomar las calles para demandar una vida más justa. La chispa que ha encendido las emociones en Colombia o en Ecuador es el aumento al transporte público; en Bolivia unas elecciones fraudulentas y posteriormente un Golpe de Estado; en Argentina el endeudamiento frente a organismos internacionales y su crisis económica; en Chile el modelo de los llamados Chicago boys se encuentra agotado; en Brasil los reclamos ante la devastación medioambiental y la precariedad laboral está apunto de estallar; el cacerolazo comienza a resonar.

Pero, ¿qué debemos hacer? ¿qué sigue? ¿hacia dónde mirar? Las preguntas son muchas y las respuestas insuficientes. México no está exento de una revuelta social y si se desea que no explote esta olla de presión, el gobierno deberá de mirarse en el espejo sudamericano antes de tener las calles repletas de reclamos. Cambiar de modelo económico, escuchar a la gente, resolver sus problemáticas, la política debe ser la respuesta, los gobiernos deben ser conscientes que ellos deben proveer de igualdad y justicia a todos sus habitantes si no quieren que en realidad este sea el fin de la historia.

POR ADRIANA SARUR

ADRIANASARUR@HOTMAIL.COM 

@ASARUR

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