Pedro Ángel Palou: ¿El fin de la democracia?

Del individualismo al totalitarismo, hemos pasado a la época de la postverdad, donde la mentira impera

Pedro Ángel Palou: ¿El fin de la democracia?

La reciente reunión secreta y la polémica rueda de prensa entre Trump y Putin, en la que este último le regaló un balón del Mundial cuyo mensaje cifrado era: juego contigo como jugué con la FIFA, te tengo en mis manos como los tuve a ellos, ha generado un aluvión de críticas en EU. Nadie rebaja de traición el comportamiento de su presidente y los zigzags de declaraciones posteriores.

Hay libros imprescindibles para entender una época, y acaba de aparecer uno sin el cual podemos ir sin brújula, El camino hacia la deslibertad (The Road to Unfreedom), de Timothy Snyder, historiador de Yale que trabajó antes con el gran Tony Judt. Snyder intenta entender lo que ha pasado en los últimos años con el mundo a través de una documentadísima revisión de Vladimir Putin y de Rusia, como los nuevos desordenadores del sistema global. Al terminarlo queda una cosa clara: se ha salido con la suya.

La consolidación en el poder de Putin —su dictadura nada blanda—, la invasión de Ucrania, y la interferencia rusa con la elección en Estados Unidos, en 2016, le sirven para ilustrar cómo hemos dejado una política de la inevitabilidad en la que todos creíamos que un futuro mejor nos aguardaba, donde las leyes del progreso eran conocidas y compartidas y no había alternativas de futuro, por lo que nada podía hacerse. La idea de que era más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo, agregamos nosotros.

Ahora, dice Snyder, vivimos en una política de la eternidad, bajo la idea de que el tiempo es un círculo que eternamente regresa las mismas amenazas del pasado y nos hace creer que el gobierno no puede ayudar a la sociedad como un todo, sólo protegernos de las amenazas.

Del individualismo al totalitarismo, hemos pasado a la época de la postverdad, donde la mentira impera. Se han perdido, piensa, las virtudes básicas en las que estaba basada la idea misma de democracia liberal: individualidad, resistencia, cooperación, novedad, honestidad y justicia. Si no hay un futuro, no tiene sentido un gobierno que venda a sus ciudadanos la idea de un mundo mejor. El pasado es el único territorio mejor que el presente, como en el lema Make America Great Again, porque en el presente, ha perdido su grandeza. Sin embargo, el libro es aún más importante porque Snyder insiste que es la desigualdad económica la que después de 30 años de neoliberalismo ha dejado este estado de cosas. La desigualdad ha provocado que la gente descrea de la idea de progreso y de futuro.

El camino posible para el autor radica en un tercer medio, la política de la responsabilidad, no ir de un sueño a una pesadilla. Crear un sistema político que tenga sentido, que busque la igualdad y demuestre a los jóvenes que se puede crecer sin resentimiento. Que la madurez personal permita discernir entre lo verdadero y lo falso, quizá la responsabilidad más importante. No podemos renunciar a la verdad. Si el nihilismo actual de la política de la eternidad nos hace pensar en un relativismo burdo, que todo radica en tu opinión o mi opinión —como muestran los comentarios de las benditas redes sociales y sus haters profesionales— , no podemos tomar decisiones políticas sensibles e informadas, ni cooperar, agruparnos, ni entender el sentido de las cosas. Ojalá el nuevo gobierno en México lo tome en cuenta. Faltan unos cuantos meses para pensar mejor el proyecto de nación y no necesariamente para anunciar diariamente nuevos planes, nuevas leyes. Pensar requiere tiempo, paciencia y reflexión colectiva. Pensar requiere priorizar, siempre, la verdad.

 

@PEDROPALOU

 

 

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