El estado de la Unión

En el tema migratorio, Trump redobló su apuesta sobre la construcción del muro, aunque ya no ofreció que México lo pague

Verónica Ortiz / Ventana política / Heraldo de México
Verónica Ortiz / Ventana política / Heraldo de México

Washington, D.C.- El discurso sobre el estado de la Unión del presidente Trump generó expectación por ser el primero frente un Congreso opositor, y en plena confrontación provocada por el largo cierre gubernamental.

Hay que reconocer que en la forma fue un buen discurso, con tono de estadista, convocando a la unidad y los grandes ideales.

En cuanto al fondo, el presidente volvió sobre los ejes de su administración (ahora de su campaña de reelección), economía y migración. Y, aunque con ciertos matices, México sigue siendo blanco de la agresiva retórica presidencial.

En materia económica, Trump pidió la aprobación del Congreso para el nuevo tratado comercial con México y Canadá, T-MEC (USMCA en inglés), con objeto de revertir la fuga de empleos y riqueza a nuestro país atribuida al TLCAN. Retórica aparte, el riesgo es que, ante la potencial negativa o retraso del lado demócrata, Trump opte por salirse del TLCAN dejando a México sin acuerdo alguno.

En el tema migratorio, el Presidente redobló su apuesta sobre la construcción del muro, aunque ya no ofreció que México lo pague, ni cumplió su amenaza de declarar emergencia nacional para conseguir los fondos necesarios.

Lo conocido fue la reiteración de falsedades sobre migración y criminalidad o tráfico de drogas, para argumentar la crisis migratoria que supuestamente se vive en la frontera con México.

Anunció el envío de 3 mil 750 efectivos para contener la inminente embestida de nuevas caravanas migrantes. Y adjudicó a los legisladores la responsabilidad moral de no actuar en consecuencia.

Para la campaña de 2020 quedaron los slogans: un muro para frenar la inmigración ilegal, o Estados Unidos nunca será socialista, en alusión a las políticas demócratas.

En suma, se vio al Trump más presidencial y al mismo tiempo al que se encarga de echar por tierra cualquier ánimo positivo.

Fiel a su costumbre, todo acaba girando en torno suyo.

Pide grandeza y cooperación al Congreso antes de soltar el garrote: Estados Unidos vive un milagro económico que se puede frenar por guerras absurdas, politiquería o ridículas investigaciones partidistas. Así, el pretendido tono conciliador desaparece ante las amenazas y descalificaciones a demócratas y adversarios.

No obstante el tono triunfal, Trump se encuentra asediado y nosotros (de nuevo) atrapados en su discurso.

Por más esfuerzos que haga el gobierno mexicano, se ve imposible evadir a un presidente adicto a las fake news y a la fabricación de enemigos para desviar la atención de sus presuntas ilegalidades.

Analistas y medios resaltaron la similitud del discurso de Trump con el que Richard Nixon pronunció en enero de 1974.

Nixon concluyó su mensaje aludiendo a la investigación sobre el caso Watergate y urgiendo al Congreso su terminación. Un año de Watergate es suficiente.

Meses después, dejaría el cargo.

 

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@veronicaortizo

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