El engaño del empleo en México y Centroamérica

Los mexicanos y centroamericanos no son inútiles, pueden emprender todo tipo de negocios

Gardenia_Mendoza
Gardenia Mendoza / Trípode / Heraldo de México

Sorprende que el Legislativo mexicano haya reducido al Grupo de Amistad México-Honduras a una falacia. Fue el pasado jueves, durante la presentación oficial de la creación de esta institución que tiene la noble misión de buscar acciones en común para frenar la migración y empujar el desarrollo regional.

En pleno recinto de San Lázaro, la diputada Martha García replicó el discurso del Ejecutivo y, como si tal cosa, dijo que los gobiernos de ambos países deben crear empleos suficientes para evitar el éxodo y de paso olvidó que el Estado tiene una misión mucho más alta que crear fuentes de trabajo: ser el garante de las condiciones para que los ciudadanos lo hagan. Esto es: dar seguridad pública y certeza jurídica.

Mexicanos y centroamericanos no son inútiles, pueden emprender todo tipo de negocios por sí mismos como lo demuestran a diario, pero, de nada sirve que abran sus propias empresas si un ejército de chacales, vivillos, criminales al amparo de la impunidad les cae arriba para extorsionarles y exigir derecho de piso o protección a punta de pistola. Y lo hacen con más saña contra los pobres. En México van contra las tortilleras de Guanajuato, los taxistas de San Luis Potosí, los tenderos de Jalisco, los ganaderos y taxistas de Guerrero…

En días pasados, Rubén Santana, miembro de una familia de desplazadas víctima de 26 asesinatos por defender los bosques viajó a la capital mexicana para dar un mensaje muy preciso: Yo nunca me hubiera ido del pueblo sino quisieran matarme: tenia maíz, frijol, tierra, marranos, no necesitaba más. Historias similares justifican el éxodo masivo centroamericano y particularmente el de los guatemaltecos hondureños y salvadoreños que representan la mayoría de los inmigrantes que quieren ir a EU, donde el sistema de justicia es más eficiente.

Verduleros, costureros, herreros, vendedores de chicles ambulantes a quienes los malandrines imponen cuotas semanales, a veces en dólares, hasta que los dejan sin nada más que las historias de injusticia.

En la primera caravana que entró por la fuerza a México el año pasado un campesino guatemalteco reveló que no podía rentar más terrenos para sembrar en su pueblo porque los narcotraficantes habían comprado todos para lavar dinero con ganado. En tanto, los países de la región nadan de muertito –o entre muertitos– con la mayor parte del presupuesto en la fuerza pública para la confrontación a balazos en lugar de policías ministeriales, investigadores o judiciales y sin la independencia de sistemas de justicia que no deberían depender de presidentes ni de gobernadores.

En Honduras una misión especial creada especialmente para combatir la corrupción con el impulso de la OEA denunció que no ha podido avanzar porque está condicionada a lo que diga el fiscal general (Óscar Chinchilla) que a su vez depende del Ejecutivo con diversos intereses.

Bajo estas condiciones es difícil entender la creación de Grupo de Trabajo para frenar la migración. Su creación carece de alcance. Es ingenuo. O perverso.

POR GARDENIA MENDOZA
*PERIODISTA
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