El empresario que influye en el ánimo nacional

Vergara una vez nos explicó que la principal razón por la que compró a las Chivas es que se preguntaba cómo cambiar al país a través de ídolos mexicanos


Poca empatía mostró Jorge Vergara con los reporteros que se le acercaban el domingo, después de que su equipo venció a Los Tigres. Con un rostro de asco los hacía a un lado, esquivando sus predecibles preguntas que fácilmente se respondían con monosílabos. Lo cierto es que el dueño de Las Chivas y de Omnilife por lo general ofrece una sonrisa a sus interlocutores, es de trato fácil. Es un mexicano amable, millonario y que viene desde abajo.  No le interesa presumir ni ponerse por encima de nadie. Es uno de los empresarios más sencillos de este país. A pesar del rostro duro que mostró ante las cámaras, es un enamorado de México y de los mexicanos. Pero sí está resentido con los reporteros de la prensa deportiva que lo han atacado un día sí y otro también, escupiendo en el micrófono, y con los que esparcen rumores de él a la menor provocación por considerarlo un self made man de un nivel inferior.

Vergara bajó su perfil desde que se separó de Angélica Fuentes, una mujer que desapareció de las revistas de sociales y de las páginas de negocios de este país. Un divorcio que sigue siendo un misterio. Una lección, ha dicho el empresario. Una costosa lección de vida.

Vergara una vez nos explicó que la principal razón por la que compró a Las Chivas es que se preguntaba cómo lograr cambiar al país a través de ídolos mexicanos. No era por dinero, de hecho, nos aseguró que no le genera nada económicamente. Los niños se identifican mucho con los jugadores, si logras crear 11 chicharitos en la cancha, ídolos, podemos influir en la cultura muy rápidamente, nos dijo. Además, nos aseguró que el Chicharito no fue una casualidad, fue diseñado para mostrar actitud, motivación, sensibilidad, humildad y trabajo.

Le platicamos que algunos periodistas comentaban que Las Chivas era un asunto de seguridad nacional.

Un descenso del equipo podría convertirse en una crisis de dimensiones grandes. Mientras veía este domingo por la noche como decenas de personas con banderas y uniformes del equipo de Guadalajara llegaban a tomar Paseo de la Reforma y decenas de policías vigilaban nerviosos,  parecía que esto podría ser posible. Las masas enloquecidas por la caída en desgracia de su equipo, parecía posible.

Por ahí me comentaron eso, aceptó. Por ahí un político me comentó. Yo no creo que llegara a tanto, se iba a convertir en un problema de seguridad para mí. Para mí, seguro, me hubuera tenido que ir a vivir a otro país por un rato. Porque me hubieran colgado del asta mayor. Porque cuando ganan yo no tengo nada que ver. Cuando pierden, el imbécil soy yo. Aunque sí, considera que lo que le pasa a su equipo de futbol influye en el ánimo nacional: Chivas influye en el país, es un hecho. Si ganamos, el lunes es más productivo que si perdemos. Obviamente si descendía se convertía en un problema de ánimo. Los mexicanos sufrirían un descalabro. O como pasó al final, sintieron un gran alivio. Al final, 27 millones de personas siguen a Las Chivas, nos dijo el empresario del rostro amable.

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