El Dique gringo

El hecho de ser considerado por EU un asunto de seguridad nacional, coloca a México en una situación comprometida

EZRA SHABOT
Ezra Shabot / Línea Directa / El Heraldo de México

La política exterior mexicana ha estado condicionada en gran medida por el peso de la geografía fronteriza que nos sitúa al lado de la potencia política y económica más importante del planeta. Para bien y para mal, el hecho de que México sea un asunto de seguridad nacional para los Estados Unidos ha convertido a nuestro país en una entidad cuyos límites en el manejo de sus asuntos internos están enormemente vinculados a las necesidades del gigante del norte.

A diferencia del otro vecino de los gringos Canadá, quien cuenta con una amplia estructura económica y política que si bien no se compara con la de los norteamericanos, sí es capaz de competir con ellos en igualdad de condiciones en muchas ramas, México no ha logrado encontrar la fórmula para un desarrollo integral entre el centro – norte modernizado, y el sur – sureste anclado en el atraso y la pobreza.

Esto provoca distorsiones difíciles de resolver, y más aún cuando no existe la voluntad o capacidad de romper con el origen de este  fenómeno que impide un crecimiento económico ligado a la redistribución de la riqueza: el capitalismo de amigos, los negocios entre los dueños de los grandes capitales y el gobierno en turno para generar un beneficio excluyente para el resto de la sociedad.

Quien suponía que esto terminaría con la llegada al poder de López Obrador y su proyecto nacionalista y redistributivo se equivocó. La pretendida separación entre el poder político y el económico es un recurso retórico ajeno a la realidad. La presencia del alto empresariado en el proyecto económico de AMLO es fundamental, empezando por Carlos Slim y pasando por la gran mayoría de los organismos cúpula del sector.

Las demandas por mayor competencia y menor concentración en los distintos sectores productivos han quedado atrás para ser sustituidas por la idea obsoleta de una reactivación del mercado interno sin la necesidad de que éste se conecte al esquema globalizador. Y es aquí donde, a pesar de las terribles amenazas de Trump, la conexión con los gringos se convierte en un dique imposible de evitar ni siquiera por los sectores más radicales de MORENA.

De esta forma el futuro del país en seguridad, energía y estabilidad financiera se encuentra supeditado a una compleja relación con los Estados Unidos que hay que aprender a sortear y a aprovechar más aún cuando se intenta correr por un carril de modernidad, y al mismo tiempo impulsar el del mercado tradicional con pocas probabilidades de éxito sostenido.

En este sentido el dique gringo parecer ser el último mecanismo de contención frente a una estrategia de gobierno que internamente ha conseguido acabar con casi todos los equilibrios de poder. El riesgo es que el dique nos cueste muy caro.

POR EZRA SHABOT

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