El desaseo institucional en Morena

La crisis que atraviesa tiene mucho que ver con la ausencia de reglas y la baja disposición para respetarlas

Hernán Gómez Bruera/ Fuera de Tono / El Heraldo de México/

Los llamados partidos movimiento, como es el caso de Morena, tienen virtudes sobre el modelo partidista tradicional. En la medida en que están más cerca de la sociedad, pueden darle mayor protagonismo a su militancia y evitar ser víctimas de una excesiva burocratización. 

Cuando pasan de la oposición al gobierno, sin embargo, inevitablemente deben convertirse en más partido y menos movimiento, so pena de implosionar. No necesitan perder sus vínculos con la sociedad, pero requieren imperiosamente mayor institucionalidad: reglas claras para regular su vida interna.

La crisis por la que atraviesa Morena tiene mucho que ver con la ausencia de esas reglas, pero también con la baja disposición que hay para respetarlas y la recurrente propensión de sus dirigentes a utilizarlas a modo.

Escucha el podcast de ‘Fuera de tono’ con Hernán Gómez

Los ejemplos del desaseo institucional de Morena no están sólo en la dirección del partido, también en la forma en que operan sus grupos parlamentarios, donde más que el respeto a las normas, priva un agandalle nada elegante.

Lo vimos cuando el grupo parlamentario en el Senado realizó la votación que removió a Martí Batres de la presidencia del Senado, donde Monreal llamó a votar a dos legisladoras del PES que fueron incluidas en la decisión por usos y costumbres más que por reglamento.

Y se revivió hace poco tiempo en la Ciudad de México, cuando en la elección del coordinador parlamentario también se invitó a votar a partidos aliados, luego de que grupo de legisladores reparó en que no había resultado electa su candidata en una votación previa.

Y lo vemos también en la forma desaseada —de dudosa legalidad— con la que seguidores de Bertha Luján convocaron recientemente a un Congreso Nacional Extraordinario y decidieron elegir a un nuevo presidente del partido, a pesar de estar imposibilitado para ocupar esa posición.

Hoy la razón jurídica le asiste a Yeidckol Polvensky y lo más probable es que el Tribunal termine por dársela. La razón política, sin embargo, no está de ninguno de los dos lados.

Mientras la figura de Yeidckol —empecinada en ser la próxima presidenta— sufre ya un desgaste en parte de la militancia y órganos de dirección de Morena, Luján y sus seguidores parecen convencidos de que el partido les pertenece.

En el apetito de hacerse del poder a toda costa —una lucha por posiciones, más que por proyectos—no se escuchó la sensata recomendación del presidente de elegir la nueva dirigencia a través de una encuesta. Independientemente de lo que finalmente ocurra en el Tribunal, el conflicto interno en Morena continuará —tristemente— hasta que el presidente López Obrador no se decida a intervenir.

El partido no superará esta crisis mientras sus facciones —que las hay a pesar de estar supuestamente prohibidas— no sean capaces de llegar a un acuerdo político que anteponga lo que realmente está en juego: el proceso electoral de 2021 y el futuro de la Cuarta Transformación.

POR HERNÁN GÓMEZ BRUERA
HERNANFGB@GMAIL.COM
@hernangomezbruera

lctl

¿Te gustó este contenido?



Escribe al menos una palabra.