Edgar Corzo Sosa: El derecho humano a no ser sometido a trata de personas I

No cabe duda que es necesario perseguir a quienes cometan este delito, sin embargo, no podemos perder de vista a las víctimas, a quienes resienten esta agresión y requieren de una especial atención

Edgar Corzo Sosa:  El derecho humano a no ser sometido a trata de personas I

Cuando las personas entran al comercio, cuando se vuelven objeto y son explotadas, entonces podríamos estar ante la presencia de una apremiante preocupación de nuestra sociedad conocida como trata de personas. No cabe duda que es necesario perseguir a quienes cometan este delito, sin embargo, no podemos perder de vista a las víctimas, a quienes resienten esta agresión y requieren de una especial atención, por lo que resulta conveniente incluir una visión de derechos humanos en la trata de persona. En este tema, varios derechos están en juego, la libertad, el libre desarrollo de la personalidad, la integridad personal, por señalar sólo algunos.

No existe, sin embargo, un texto que reconozca expresamente el derecho humano a no ser sometido a trata de personas, ni en nuestro texto constitucional ni en un instrumento internacional que nuestro Estado haya ratificado. Ha tenido que darse una interpretación jurisdiccional para poner en escena este derecho desde la Convención Americana de Derechos Humanos (CADH), con la sentencia Trabajadores de la Hacienda Brasil Verde vs Brasil, del 20 de octubre de 2016, emitida por la Corte Interamericana. El asunto surgió con motivo de una práctica de esclavitud en una hacienda, la Hacienda Brasil Verde, en Brasil, donde trabajadores que lograron huir visibilizaron la situación prevaleciente en su interior, se daban amenazas de muerte en caso de abandonar la hacienda, impedimento de salir libremente, la falta de un salario o la existencia de uno insuficiente, endeudamiento con el hacendado, y falta de vivienda, alimentación y salud dignas.

Lo que hizo la Corte Interamericana fue actualizar el contenido del artículo 6.1 de la Convención Americana, en donde sólo se establece la prohibición a no ser sometido a trata de esclavos o de mujeres, mediante una interpretación según la cual estas referencias deben ser interpretadas de manera amplia para referirse a la trata de personas. En consecuencia, la prohibición establecida en el artículo 6.1 de la CADH debe entenderse referida a todas las personas.

Pero esta prohibición todavía no es un derecho humano. Le hace falta una mayor construcción, pero eso no lo hizo claramente la sentencia de la Corte Interamericana. No importa, podemos señalar, ayudándole un poco, que a la prohibición que hemos referido hay que adicionarle, como sí lo hizo la Corte en el apartado de responsabilidad por parte del Estado, la obligación que tiene el Estado de garantizar que no se produzcan violaciones a la dignidad de la persona humana, valor protegido en la Convención Americana de Derechos Humanos, y en la trata de personas precisamente se da esa violación a la dignidad.

Además, también debe considerarse el interés pro persona. Por tanto, la relación que se produce entre el artículo 1.1 (obligación de garantizar) y el 6.1 (prohibición de la trata de personas) de la CADH hace que de ello se derive el derecho a no ser sometido a trata de personas.

 

QUINTO VISITADOR GENERAL DE LA COMISIÓN NACIONAL DE LOS DERECHOS HUMANOS

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