El dedo del Presidente

¿Qué sentido tiene anunciar culpables cuando todavía no hay actuaciones que demanden responsabilidad?

Jorge Camacho / Diacrítico / Heraldo de México
Jorge Camacho / Diacrítico / Heraldo de México

El fin de semana habló el recién investido Presidente de México. Invariablemente habló, que es lo que hace. López Obrador denunció los excesos del neoliberalismo, avisó que bajará los precios de la gasolina una vez que opere la inminente refinería que se construirá en Tabasco, advirtió que la inseguridad vive sus últimas jornadas, anunció que ya no es Andrés Manuel, sino pueblo.

El sábado, el Presidente se presentó de cuerpo entero ante la nación. No hizo acto de presencia el López Obrador de la campaña, sino el que siempre ha sido excepto en campaña. Ilusionista consumado, sabe bien que los juegos de manos sólo son ficciones no escritas y que la magia se desvanece al primer reclamo de la insumisa realidad. Sabiendo que no puede cumplir las promesas electorales, arremetió en su discurso de investidura en contra de conservadores y neoliberales.

El señalamiento es una violación a la igualdad consignada en la Constitución. Nadie por encima de la ley, salvo el nuevo Presidente. Respeto a la Constitución, excepto cuando su conveniencia dicte lo contrario.

Andrés Manuel ya ha fabricado la coartada perfecta para justificar el incumplimiento de sus promesas.

Pero hay algo a lo que no tiene derecho ningún Presidente, puesto que le compete al Poder Judicial. Señalar culpables es un acto vergonzoso de división y de confrontación. Resulta absurdo escuchar a López Obrador hablando de Estado de Derecho cuando sus primeras palabras lo ignoran. La democracia es un sistema destinado a que los cambios de poder sean pacíficos. Un Presidente investido que azuza el odio entre los ciudadanos no es un demócrata, en el mejor de los casos es presidente de unos cuantos aunque sean mayoría. Ahora bien, ¿qué sentido tiene anunciar culpables cuando todavía no hay actuaciones que demanden responsabilidad? Culpables sin delito de cargo o sin otra falta que la de disentir; la estrategia exhibe la simulación.

El gobierno dirimirá en la calle su incompetencia, llevará la pendencia a la sociedad, impulsará las querellas entre los diferentes sectores a condición de olvidar sus propios incumplimientos. Precaria desde hace tiempo la convivencia social, corre el riesgo de saltar por los aires. Andrés Manuel no es de izquierda, ni de derecha, ni de centro. Es todo eso pero al servicio de sí mismo. Representa a carta cabal al populista que requiere mixtificarse antes de que lo pillen en falta. El hecho de que se asemeje a Hidalgo, Juárez y Lázaro Cárdenas no impide que la comparación sea ridícula.

Diacrítico: López Obrador, a lo mejor es ya pueblo y presidente, pero no es el presidente de todos por propia voluntad. De momento ya tiene culpables sin mediación de la justicia, ha abolido el principio de igualdad y amenaza el de libertad con señalamientos de conservadurismo y liberalismo. Ahora falta que empiece a cumplir sus promesas que no son las de Hidalgo, Juárez y Lázaro Cárdenas.

 

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@camacho_jorge

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