El deber y el querer

El economista ya había acompañado al Ejecutivo federal en otras aventuras; entonces, el Presidente conoce muy bien la filiación ideológica

Jorge Carlos Ramírez Marín / Opinión El Heraldo / Columna Invitada
Jorge Carlos Ramírez Marín / Opinión El Heraldo / Columna Invitada

No tiene sentido especular, pues no sabremos las razones de fondo para que Carlos Urzúa decidiera renunciar a la Secretaría de Hacienda; sin embargo, ante sucesos como ése, es útil encontrar la explicación más objetiva y acotarse, hasta tener una mayor dosis de realidad.

La explicación que a las pocas horas ofreció el presidente López Obrador, durante su conferencia matutina, fue que tuvo diferencias en materia del proyecto económico. ¿Entonces es Carlos Urzúa otro neoliberal? El economista ya había acompañado al Ejecutivo federal en otras aventuras; entonces, el Presidente conoce muy bien la filiación ideológica, el pensamiento y la praxis de quien hasta el pasado 9 de julio fue su secretario de Hacienda. ¿Qué molestaba de Urzúa al Presidente, al gabinete, o a quién en particular?

Si revisamos uno de los documentos enviados por la Secretaría de Hacienda al Congreso de la Unión, Los Precriterios de Política Económica para 2020, que contiene las previsiones en materia económica, así como los datos que sentarán las bases para la discusión del Paquete Económico 2020, estaremos de acuerdo en que la dependencia contradecía ampliamente el discurso oficial presentado en las mañaneras.

En los pronósticos de la SHCP, con ganas de ayudar al gobierno en turno, apenas le daba un posible 1.9% al crecimiento de 2020, mientras que calculó que el de este año sólo alcanzaría 1.7%, a lo que habría que añadir un déficit de 121 mil millones de pesos, que obligarían a realizar ajustes en el próximo presupuesto. Si con todo esto Urzúa Macías seguía en el ánimo del Presidente, hubiera sido realmente un milagro. Ahora lo que debe comprobarse es si Urzúa diría la verdad, o si el gobierno, el Presidente, los secretarios y todo el gabinete, se niegan a ver la realidad. Por otra parte, antes de iniciar con alguna especulación sobre el motivo de la renuncia, cabe analizar la información que tenemos respecto de la respuesta del gobierno federal.

En este sentido, hay que felicitarlo por su pronta reacción, pues contra el pronóstico de catástrofe y apocalipsis, a través de una habilidad que ya quisieran los gobiernos anteriores, campeó el temporal en pocas horas, el peso y la bolsa se estabilizaron, el gabinete entró en calma, y los actores políticos nuevamente cayeron en contradicción: el país no se desmoronó por la renuncia y tampoco hubo daños económicos o financieros mayores. Es de observar qué hizo el Presidente en la mañanera inmediata: primero minimizó el hecho: Es sólo una renuncia y habrá muchas más en el sexenio, aseveró.

Posteriormente, dejó claro que el sucesor de Urzúa estará estrictamente bajo sus órdenes, lo convenzo y los vigilo, enfatizó. Pero lo que destaca aún más es la afirmación: Lo único que no van a lograr es hacerme cambiar de proyecto. Con estos dichos, que por sí mismos pudieron haber tenido un efecto negativo, lo que está claro es que el mando es único, centrado y concentrado, y que en él cabe lo mismo reducir a la Secretaría de Gobernación a cubrir foros e inauguraciones, o darle nuevas atribuciones a la Secretaría de Relaciones Exteriores, o cambiar el objeto de la Guardia Nacional; y si hacemos caso a Urzúa, decidir la política económica con el mero encanto de una mañanera bien hecha.

POR JORGE CARLOS RAMÍREZ MARÍN

SENADOR POR EL PARTIDO REVOLUCIONARIO INSTITUCIONAL

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