El curioso caso del presidente López

El presidente comenzó su sexenio fiel a su ser. Hiperactivo e inescrutable. Es un hombre muy astuto, letrado en historia de México, pero limitado en su conocimiento de historia universal

Agustín Barrios Gómez / El norteamericanista / Heraldo de México
Agustín Barrios Gómez / El norteamericanista / Heraldo de México

El presidente Andrés Manuel López Obrador es la persona más compleja que ha gobernado México desde José López Portillo. Todos los presidentes desde 1982 habían sido más fáciles de entender. Algunos por representar proyectos e intereses muy claros (De la Madrid, Salinas, Zedillo, EPN, Calderón), y otro por la simpleza de su propuesta (sacar al PRI sin cambiar el sistema), como en el caso de Fox.

El primer Presidente tabasqueño es mucho más complicado. Su poder es unipersonal con elementos de culto a su personalidad, lo cual quiere decir que no está obligado a rendirle cuentas a ningún grupo de poder, llámese partido, sector de la sociedad, o interés económico.

Es un hombre muy astuto, letrado en historia de México, pero limitado en su conocimiento de historia universal. Es dogmático, pero su dogma es difícil de entender porque permite ciertos ajustes que parecerían diametralmente opuestos a su eje socialista cristiano.

Los ejemplos más importantes de su disonancia son: su apoyo al comercio libre, su falta de antiamericanismo, su negación a subir impuestos, y su profundo cristianismo. Normalmente, un Presidente de izquierda sería proteccionista, anti yankee por antonomasia, partidario de subir impuestos en aras de implementar su agenda redistributiva, y ateo o agnóstico. Éste no.

Además, sus más allegados no son ideólogos ascéticos, sino gente madura, económicamente exitosa, que tienen su vida económica resuelta. López Obrador no está peleado con la clase adinerada –salvo cuando alguien de estos lo critica.

Y ahí otro enigma: tiene la parsimonía para predicar amor y paz, pero descalifica con rencor a sus detractores. Es una combinación rarísima, ,porque a todas luces no es un hombre cínico. Parecen convivir en él un socialista incendiario con toques autoriritarios y un liberal cristiano, generoso de espíritu.

Entre la comentocracia hay temor porque su lado descalificador los amenaza. Y tienen razón: es antidemocrático el que el Presidente ataque al eje fundamental de la democracia que es la prensa libre. Pero, a diferencia de los dictadorzuelos bananeros que pululan desde Venezuela hasta Turquía, no agrede más que verbalmente.

Hay quienes dicen que es sólo cuestión de tiempo, pero su gestión como jefe de Gobierno muestra que no tiene interés en usar el aparato del Estado para callar voces críticas.

Los empresarios ya emitieron su juicio por medio de una carta pública: el nuevo Presidente empezó mal. La opinión pública ya emitió el suyo: el Presidente tiene toda nuestra confianza. La realidad es que ambos AMLOs coexisten y, nos guste o no, este sexenio se definirá por el despliegue de filias y fobias del enigmático Presidente López.

 

*Presidente de la Fundación Imagen de México, y conductor de ADN40 News

@AgustinBarriosG

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