El curioso caso de Texas

Éste debería de ser un estado promexicano, pero la realidad es mucho más complicada. En Texas el inmigrante no tiene empacho en votar republicano aunque éste lo desprecie

Agustín Barrios
Agustín Barrios Gómez / El norteamericanista / Heraldo de México

El fundador de Texas, Stephen Austin, fue un anglo que juró lealtad a la bandera mexicana. Fue traicionado y encarcelado por el gobierno central cuando éste decidió cambiar el acuerdo que había negociado en lo que era, entonces, Coahuila y Tejas. Texas fue una república, independiente, durante 10 años, lo cual sigue marcando una actitud en aquel estado. El mapa mexicano todavía hoy muestra los estragos de la independencia texana, toda vez que Tamaulipas tiene una larga franja fronteriza diseñada para evitar que los nuevoleoneses se unieran a Texas (el llamado brazo de la Patria).

El comercio de México con Texas es mayor que todo lo que comercia todo el resto de América Latina con el mundo. Laredo/Nuevo Laredo llevan varios años siendo el puerto interno más importante del mundo, con más de 270 mil millones de dólares de comercio, pero en mayo pasado se convirtió en el puerto más importante de cualquier tipo del hemisferio.

Texas tiene una economía casi 30 por ciento más grande que la de toda la República Mexicana, en su conjunto. Sus dos principales ciudades, Houston y Dallas, son la cuarta y quinta más grandes de Estados Unidos. San Antonio es un hub tecnológico y académico, mientras Austin, la capital, es un lugar de moda en EU.

Dentro de ese mundo de más de 25 millones de habitantes, 45 por ciento de su población es hispana. Si se consideran los que se autodenominan blancos de entre los hispanos es, por mucho, el grupo étnico más grande del estado. Sin embargo, Texas ha sido tradicionalmente republicano y no ha elegido un demócrata a un puesto federal desde hace más de un cuarto de siglo.

Y, ahí es donde entra el sentir independiente del texano que, incluso, se extiende al tejano (como se les llamaba a los originarios novohispanos y mexicanos de aquellas tierras). A diferencia de la Alta California, en donde casi todos los mexicoamericanos son de estados del sur de México, en Texas el inmigrante tiende a ser norteño y, a menudo, no tiene empacho en votar republicano, aunque éste lo desprecie.

Por eso es que un gobernador que niega actas de nacimiento a hijos de indocumentados mexicanos puede ganar 42 por ciento del voto latino. Simplemente no hay solidaridad entre la gente de origen hispana en aquel estado, y pesa más su sentir de emprendedor y de ni ayudo ni pido ayuda que su propia identidad.

Sin embargo, cuando la propuesta es de una persona que realmente se solidariza con aquel grupo, como en el caso de Beto O’Rourke, los latinos son capaces de apoyarlo (64 por ciento del voto hispano en las últimas elecciones para el Senado).

El tema de Texas es de trascendencia nacional para EU y, por esa vía, es de importancia fundamental para México. El futuro de aquel estado lo definirán los mexicoamericanos, por lo que el mensaje que se les dirige moverá, o no, al mundo. Hay que estar muy pendientes.

POR AGUSTÍN BARRIOS GÓMEZ
PRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN IMAGEN DE MÉXICO, Y CONDUCTOR DE ADN40 NEWS
@AGUSTIN BARRIOSG


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