El crédito para obras viales

El gobierno acierta en dedicar esfuerzos serios a la construcción del PNI y a su consolidación como palanca de crecimiento. Acierta también en elaborarlo de la mano de la iniciativa privada

Marco Frías / Director de la AMCIV, A.C / Tiempos de Infraestructura
Marco Frías / Director de la AMCIV, A.C / Tiempos de Infraestructura

En días recientes se dio a conocer a la opinión pública que el Ejecutivo Federal trabaja, en conjunto con el sector privado, en la elaboración del Programa Nacional de Infraestructura 2018-2024 (PNI). Sin duda, se trata de una noticia bienvenida e importante.

Por un lado, la economía muestra signos inequívocos de desaceleración. Tan sólo hace unos días, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) informó que la Inversión Fija Bruta registró, a julio, una caída de 9.1 por ciento con respecto al mismo periodo de 2018. Por el otro, existe un consenso amplio en que la infraestructura es una variable fundamental de nuestra competitividad como país. Destaca la generación de más y mejores carreteras como un elemento detonador de prosperidad y desarrollo social. Basta observar ejemplos como los de Estados Unidos y Europa Occidental.

El gobierno de la República acierta en dedicar esfuerzos serios a la construcción del PNI y a su consolidación como palanca de crecimiento. Acierta también en elaborarlo de la mano de la iniciativa privada, la cual, necesariamente, jugará un relevante papel en su instrumentación.

En la propia narrativa de la Secretaria de Hacienda se destaca que, por cada peso de inversión pública en infraestructura, se requieren seis de inversión privada.

Por ello, el éxito del Programa Nacional de Infraestructura pasaría por la identificación de fuentes alternativas de financiamiento que permitan a la Administración Federal continuar destinando importantes recursos públicos a programas sociales prioritarios y, a la vez, sortear las fuertes restricciones fiscales que enfrenta. Para lograrlo, resulta clave que inversionistas institucionales tengan un mayor papel en el financiamiento de infraestructura.

A nivel mundial, los principales inversionistas institucionales son los fondos responsables de cuidar y manejar el ahorro de personas como usted y yo. Estos conforman una de las fuentes de ahorro de largo plazo más relevantes y, en el caso de México, representan 16 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

El Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR) tiene, primordialmente, la obligación de otorgar seguridad y rentabilidad al ahorro de los trabajadores; sin embargo, también tiene el objetivo de fomentar el desarrollo de infraestructura.

En un país como México, en donde prevalece una importante brecha en la materia, contar con una mayor participación de estos inversionistas no es sólo importante, sino necesario. No cabe duda de que existen avances destacables.

De acuerdo con la Comisión Nacional de Ahorro para el Retiro (Consar), hasta 2017 las Siefores habían destinado cerca de 60 mil mdp en la construcción y mantenimiento de casi 6,500 km de autopistas, entre las que destacan vías fundamentales como Arco Norte, México-Toluca, Guadalajara-Zapotlanejo, Monterrey-Saltillo, Libramiento la Piedad, Circuito Exterior Mexiquense, entre otras.

Esto significa que, quienes contamos con una cuenta individual de ahorro para el retiro, somos en parte inversionistas de estas importantes vías, gracias a que son proyectos con horizontes de largo plazo, con un retornos estables y atractivos, así como con capacidad de realizar distribuciones anuales con un perfil de riesgo reducido para el ahorrador.

Adicionalmente, sus esquemas de operación ofrecen certidumbre y transparencia en el manejo de los recursos.

Sin embargo, las necesidades en materia de infraestructura carretera siguen siendo amplias y atenderlas eficientemente requiere de una mayor penetración de dichos instrumentos mediante la eliminación de restricciones, en gran medida marcadas por una visión a corto plazo que permea los mercados de capitales, aunado a políticas regulatorias (Basilea III), escasez de vehículos de inversión, y falta de conocimiento.

Asimismo, el retiro paulatino de la banca tradicional de este sector ha provocado que la brecha en el fondeo para proyectos de infraestructura se intensifique.

Es entonces que, la correcta ejecución del PNI pasará por promover la canalización adecuada de los recursos de los inversionistas institucionales para el desarrollo de más y mejores proyectos de infraestructura carretera, a través de nuevos vehículos de inversión e instrumentos de deuda en los mercados de capitales.

Adicionalmente, resulta de la mayor relevancia consolidar el Estado de Derecho como una condición insustituible para la atracción de inversiones institucionales.

El no reconocimiento de derechos adquiridos o claras violaciones a la legalidad (toma de casetas y bloqueos carreteros) no sólo desincentvan la participación de dichos instrumentos en el sector, sino que también dañan a las personas que, a través de las Afore, invierten sus ahorros en estos proyectos.

En el ámbito internacional, los fondos de deuda han tomado especial importancia en el financiamiento de infraestructura, ya que permitne a los inversionistas institucionales financiarlos, generando así atractivos retornos para los ahorradores y, al mismo tiempo, contribuyendo al crecimiento de los activos viales, así como a la generación de otras importantes obras.

México no debe ser la excepción; si bien el desarrollo de la infraestructura en nuestro país tiene aún un largo camino por recorrer, el PNI es una magnifica oportunidad para detonar la activa participación de inversionistas institucionales en el financiamiento de más y mejores proyectos carreteros, con el objetivo último de lograr un desarrollo regional equitativo y con visión de largo plazo, como motor del crecimiento y la igualdad social.


Gráfico: Arturo Ramírez

Por Marco Frías

Director de la AMCIV, A.C

@AMCIVAC

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