El costo del talento

No importa cuántos estudiantes de alta calidad produzcan las universidades , el ritmo de crecimiento de los sectores más dinámicos de la economía global, así como los dilemas de sobrevivencia y las oportunidades de transformación seguirán siendo más veloces

El costo del talento

 

 

Disculpe usted si lo que sigue es excesivamente obvio, pero vale la pena recordarlo. La solución de los grandes retos de la humanidad exige, especialmente, del talento de la más alta capacidad y experiencia pertinentes. Sin talento de alto nivel, cualquier organización humana que quiera conducir su destino está condenada al fracaso. En el mejor de los casos, con liderazgos competentes y apenas modestos, navegará por rutas trazadas por otros según su conveniencia, y siempre en condiciones de desventaja relativa. México no puede aspirar nada más a esto.

 

Más aún, en un mercado global donde crecen más rápido las oportunidades atractivas que los perfiles idóneos para retos de gran envergadura, la escasez de talento no solamente se mantendrá, sino que tenderá a acrecentarse. No importa cuántos estudiantes de alta calidad produzcan las universidades de todo el planeta, el ritmo de crecimiento de los sectores más dinámicos de la economía global, así como los dilemas de sobrevivencia y las oportunidades de transformación seguirán siendo más veloces, en parte por el impulso del cambio tecnológico.

 

Es claro que habrá polos de atracción donde se acumule velozmente la oferta de capital humano, como Silicon Valley o Cambridge en Massachusetts. Pero precisamente esa concentración acentuará la escasez en otras ciudades del mundo o en sectores cuya compensación se venga reduciendo en términos relativos.

 

En México hemos sido presas de la irresponsabilidad en esta materia, y desde la administración de Fox los sueldos de los altos funcionarios federales han ido perdiendo dramáticamente su valor real. En la presente campaña, ambos candidatos punteros han prometido reducirlos aún más. Entiende uno que desde un punto de vista electoral sea incómodo justificar sueldos altos para quienes son usualmente denostados como totalmente ineficaces y muy probablemente corruptos. Entiende uno también que ello es particularmente difícil en un país que no ha sido especialmente eficaz en reducir la desigualdad (aunque en el gobierno del Presidente Calderón la crisis financiera del 2009 se atendió de forma que ésta se redujo). Pero eso no obsta para ver, con toda claridad, la absoluta inconveniencia de esta política de mayor reducción de sueldos. Ojo. Esto no es ideológico siquiera. Ya es casi un destino manifiesto al que casi todo mundo se pliega.

 

Asimismo, desde luego es absurda la parafernalia guaruril y el exceso de asistencia administrativa, especialmente para la enorme mayoría de las funciones que no encarnan riesgos mayores que el que te atropelle una bicicleta en la Condesa. Pero también lo es su eliminación a ciegas; el suponer que no es necesario contemplar protección a quienes ponen en riesgo su vida y la de sus familias por una labor de servicio.

 

Tampoco espera uno que el servicio público sea la labor mejor remunerada de todas. Pero claramente, no pagar bien a quien tiene responsabilidad extraordinaria sobre los dilemas colectivos de nuestro país, es condenar a nuestro país a la plutocracia, la corrupción, o la perversa mediocridad.

 

Alejandro Poiré

Decano

Ciencias Sociales y Gobierno

Tecnológico de Monterrey

26 de mayo de 2018

@AlejandroPoire

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