El costo de la democracia

Un reporte de EU demuestra que todas las máquinas estudiadas tienen fallas que ponen el sistema electoral en riesgo

Fernanda Caso/ Columnista/ Opinión El Heraldo de México
Fernanda Caso/ Columnista/ Opinión El Heraldo de México

El 26 de septiembre fue presentado en el Capitolio de Estados Unidos el reporte con los resultados de Voting Village, un ejercicio realizado por tercer año consecutivo en el corazón de la convención de hackers más grande del mundo. En un salón de hotel en Las Vegas, las máquinas con las que se marcan y se cuentan los votos en diferentes estados fueron expuestas al público durante tres días con el único objetivo de ver cómo se podían hackear.

El reporte presentado por los investigadores Matt Blaze y Harri Hursti demuestra que absolutamente todas las máquinas estudiadas tienen fallas que ponen su sistema electoral en riesgo.

La preocupación no es menor. El reporte sobre la intromisión rusa muestra que los sistemas de votación fueron blanco de hackeos en las elecciones de 2016. Pero el problema inició mucho antes. Ya en 2009, una red de venta de cargos fue desarticulada en un condado de Kentucky donde funcionarios locales modificaban los votos emitidos en las máquinas.

Además de las vulnerabilidades de los propios sistemas de votación, existen otras preocupaciones hacia el proceso de 2020.

A diferencia de México donde el INE actualiza y da mantenimiento a un padrón centralizado, en Estados Unidos cada estado decide cómo registrar a sus votantes y las medidas de seguridad para mantener la información a salvo.

Algunos lo hacen a través de sus oficinas de licencias o de impuestos, otros reciben aplicaciones en línea o por correo. No existe una identificación única para votar y los listados nominales se pueden descargar en tablets con acceso a redes inalámbricas vulnerables. Con la falta de rigor en los registros, la posibilidad de robar, borrar o modificar la información es alarmante.

Los resultados de este reporte obligan a pensar en lo que hemos construido en México. Nuestro sistema dista mucho de ser perfecto, es cierto. Pero, al menos en cuanto a integridad en la votación y conteo se refiere, estamos a años de ventaja. La historia de lucha democrática ha dado como resultado un modelo que sirve.

Sin embargo, recientemente el discurso de la austeridad ha empezado a dirigir mensajes contra el INE y el costo de las elecciones.

Los recortes administrativos siempre suenan atractivos. Sin embargo, la pregunta de fondo no es cuánto nos podemos ahorrar, sino cuánto valoramos nuestra capacidad de decidir. Si no hay certeza en los resultados, esa capacidad es una mentira.

Hay mucho que mejorar. La fiscalización de campañas y los excesos de recursos otorgados a los partidos son probablemente algunos de los temas más urgentes a resolver y no dudo que la inclusión de tecnología pueda servir en muchos pasos del proceso. Pero hagámoslo desde ahí, pensando en cómo hacemos un mejor sistema, uno más justo y que permita manifestar mejor nuestra voluntad colectiva, no desde la lógica de la austeridad absurda que lleva al debilitamiento de nuestras instituciones.

POR FERNANDA CASO

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