El chico del pueblo

Los dichos populares suelen rebosar sabiduría, y para entender el fenómeno Sadio Mané hay que recurrir a varios

Gustavo Meouchi / De leyenda / El Heraldo de México
Gustavo Meouchi / De leyenda / El Heraldo de México

El sábado 31 de agosto, el Liverpool ganó 3-0 al Burnley en la jornada 4 de la presente temporada de la Premier League. En el minuto 83, pese a que los Reds ya tenían su ventaja, se produjo una discusión entre Mohamed Salah y Mané, porque el primero trató de concretar un gol por su cuenta en lugar de apoyarse en Sadio. La jugada terminó en falta.

Tanto el capitán, Jordan Henderson, como el técnico, Jurgen Klopp, afirmaron que el exabrupto fue producto del entusiasmo y la presión que todos sienten por participar en la liga, e incluso, consideran que la molestia de Mané es un signo de su compromiso, ya que el sonriente jugador senegalés no suele transmitir enojo.

Aquí aplica aquello de que para muestras los botones. Es muy interesante que en el caso de este futbolista hasta un altercado pueda interpretarse como un signo positivo. En realidad, todo parece bueno acerca de él.

Nació en Senegal, el 10 de abril de 1992. Los medios y las marcas deportivas han hecho una fiesta con la historia del pequeño que llegó sin tenis, pero con talento a una demostración deportiva. A los 19 años, su habilidad, y el Metz, de Francia, lo debutaron.

De ahí todo ha sido subir. Es irresistible el triunfo de un chico que sale de una de las comunidades más pobres del planeta para colocarse en un entorno sumamente lucrativo.

En las canchas tiene el récord de lograr el hat trick más rápido en la historia de la Premier League, al anotar 3 goles en 2 minutos y 56 segundos.

Admitamos, que es una marca imposible de ignorar.

A Mané le sobra el dinero y él lo gasta en grande. Ha donado importantes cantidades a escuelas, hospitales y fideicomisos de ayuda humanitaria en su país natal. El chico salió del pueblo, pero el pueblo no salió del chico. Así que él regresa. Llega a casa con su dinero, su fama, sus oportunidades, y las comparte. Lo hace con aquellos que dejó atrás, pero no olvidó. No lo hace incógnito. No sólo su mano derecha sabe lo que hace la izquierda. El mundo lo sabe.

El ejército de su país lo acompañó en la reciente visita que realizó a la escuela que está financiando. Lo hicieron para evitar un disturbio, ya que la multitud se le echa encima, no para agredirlo, sino para agradecerle. Eso es lo significativo del gesto, Sadio les lleva dinero, pero también esperanza, la materialización de que en un mundo cruel, cosas buenas pueden pasar.

La terrible pobreza que enfrentan esas comunidades contrasta dolorosamente con la realidad del futbol europeo de altura, y Mané lo recuerda, y de paso, a todos nosotros. Cuando lo veo ahí, haciendo su parte por reducir la brecha de desigualdad, pienso en que todos podemos elegir nuestra trinchera y dar batalla.

Al final de eso se trata el deporte, de llegar más lejos, ser más fuertes y más rápidos, ser la mejor versión de nosotros mismos, y Sadio se lo toma muy en serio.

POR GUSTAVO MEOUCHI
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@GMOSHY67


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