El (casi) naufragio de los superdelegados

Para el Censo del Bienestar se contempla la contratación de 20 mil personas, que dependerán de la nueva estructura

Carlos Zúñiga / Acceso libre / El Heraldo de México
Carlos Zúñiga / Acceso libre / El Heraldo de México

Las llamadas, mensajes de WhatsApp, tuits o cualquier tipo de comunicación se saturan con preguntas acerca de los programas sociales del gobierno federal. ¿Qué pasa con el apoyo de Prospera? ¿Para cuándo las pensiones para los adultos de 65 años y más? ¿Habrá becas para estudiantes?

En la Secretaría del Bienestar no dan respuesta contudente. Los llamados superdelegados estatales se encuentran molestos ante una situación que los ha dejado más aislados. Pero la molestia mayor viene del presidente Andrés Manuel López Obrador que ve cómo no puede cumplir parte de sus promesas centrales de campaña. Y eso ya motivó acciones.

El miércoles se convocó a una reunión del gabinete legal y ampliado, además de los 32 delegados estatales para comunicarles cambios en la estrategia.

Ahora se amplía la estructura y estos polémicos personajes serán apoyados por cuatro coordinadores de los gabinetes en los que se dividieron por áreas como Seguridad, Hacienda y Desarrollo Económico, Energía y Comunicaciones y el de Bienestar.

De acuerdo al Presidente, con un solo representante del gobierno federal, la entrega de apoyos económicos a los beneficiarios será más eficiente. Además, trabajará con las 266 coordinaciones de seguridad pública que funcionarán con la Guardia Nacional y con 8 mil Centros Integradores que se instalarán en comunidades y cabeceras municipales, las cuales serán una especie de oficinas de representación.

Es decir, desde la más modesta población del país hasta las ciudades con más habitantes, habrá una estructura que le reportará directamente al Presidente de la República, y todos ellos coordinados por Gabriel García Hernández.

En la 4T se dieron cuenta a tiempo (antes de los procesos electorales de este año) que a pesar de ser palomeados por el propio AMLO, la mayoría de los supedelegados mantenían un perfil bajo y no tenían injerencia real sobre los recursos federales, por lo que, ante la debilidad que presentaban, se les dotó de vitaminas para reforzarlos.

Ahora, dependen de la información que les proporcione el Censo del Bienestar, para lo cual se prepara la contratación de 20 mil personas que dependerán de la nueva estructura, quienes deben recorrer todo el país para obtener la información necesaria que permita el reparto de recursos sin intermediarios, cumpliendo la orden de López Obrador.

El tiempo apremia, sobre todo para la secretaria del Bienestar, María Luisa Albores, a quien se le llamó la atención por el retraso en el levantamiento del censo.

Mientras el tiempo pasa, miles de personas esperan los apoyos prometidos. En algunos casos se trata de la ayuda económica que de repente dejó de aparecer en sus cuentas.

Aunque las peticiones de información llegan a muchas oficinas, nadie da respuesta. La paciencia del Presidente se agota, al mismo tiempo que crecen las críticas sobre el equipo que le rodea y le hace quedar mal.

 

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