El blanco de Trump

Trump una vez más castiga la migración ilegal, y ahora hasta la legal, para hacer un cambio demográfico en contra de países del tercer mundo y a favor de razas que él considera superiores

LILA ABED
Lila Abed / Columna Invitada / Opinión El Heraldo

A principios de esta semana, el presidente Donald Trump anunció una nueva norma migratoria que entrará en vigor a mediados de octubre, que establece que inmigrantes legales en búsqueda de la residencia permanente, conocida como green card, o la ciudadanía estadounidense, tendrán que comprobar que no serán una carga pública para el gobierno. Esta idea se basa en que los extranjeros que quieran residir en Estados Unidos deben de tener la habilidad y los recursos para ser autosuficientes y no requerir de las ayudas públicas federales -como cupones para alimentos, subsidios para el pago de alquiler, Medicaid, entre otras- que supuestamente deben reservarse a los nacionales del país.

Trump una vez más castiga la migración ilegal, y ahora hasta la legal, para hacer un cambio demográfico en contra de países del tercer mundo y a favor de razas que él considera superiores.

Esta nueva medida pone en riesgo a 2 millones 380 mil residentes legales mexicanos que ahora tendrán que elegir entre mantener su residencia o pedir asistencia pública.

Es decir, Trump quiere modificar el flujo de la migración para convertir a Estados Unidos en un país más blanco y adinerado.

Si bien es cierto que el actual presidente se ha posicionado como uno de los enemigos de la inmigración, sus políticas no son el único ejemplo en la historia de Estados Unidos de utilizar el concepto de carga pública como justificación para clasificar a migrantes por cuestiones raciales, de orientación sexual, y hasta por causas políticas.

Desde el siglo XIX, existen ejemplos de leyes que intentaban evitar el ingreso de nuevas razas al país. El Page Act de 1875 y el Chinese Exclusion Act de 1882, prohibía la entrada de personas provenientes de China porque se les consideraba como indeseables.

Fue la primera restricción federal en contra del libre flujo de personas y el fin del concepto de fronteras abiertas. No fue hasta 1965, que se liberaron las leyes migratorias a favor de la reunificación de familias.

Actualmente, el presidente Trump quiere hacer una transición de un sistema migratorio enfocado en la reunificación de familias, el cuál según él ha sido abusado por migrantes, a uno basado en mérito económico y país de procedencia. Las estadísticas demuestran que los inmigrantes son una minoría en cuanto al beneficio de los programas sociales.

Sin embargo, estas declaraciones se tienen que entender dentro del marco de las próximas elecciones presidenciales.

La intención del mandatario estadounidense no es necesariamente que este nuevo sistema migratorio se convierta en ley en el Congreso, lo cual sería rechazado por los demócratas. Su objetivo de fondo es definir la plataforma política del Partido Republicano en cuestiones de seguridad fronteriza a su favor.

Y aunque sea todo una estrategia netamente electoral, un verdadero sistema migratorio a futuro debería contemplar un balance entre los migrantes que buscan la ciudadanía por tener lazos familiares, y un sistema de mérito.

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