El barcelonista

Los mitos difieren según la visión de un pueblo, pero coinciden en que un ser supremo moldea a su creación máxima

Gustavo Meouchi
Gustavo Meouchi / De leyenda / El Heraldo de México

Ese hombre se reproduce y la chispa divina es transmitida por linaje sin intervención directa. Cada nueva generación disfruta el don, pero los contactos de Dios son raros, misteriosos, ajenos. Aun así, cada tanto, llega otro hombre que es tocado por la chispa, que tiene un grado distinto, a quien la gracia ha beneficiado y su existencia rememora aquel momento en el que fuimos separados y ungidos. Los llamamos héroes. Nos recuerda nuestro potencial y nos inspira. En el futbol, es Messi.

Lionel encarna el camino del héroe que describe Joseph Cambel. Nacido en Argentina, desde muy joven él y su familia comprenden que su destino está lejos, del otro lado del mar. El héroe tiene que salir de casa a encontrar un lugar para formarse. Así, el pequeño Leo llega a Barcelona, que lo reconoce como suyo, lo adopta. En estos años todos hemos tenido clara la estrategia de un equipo que gira en torno a la magia de ese hombre.

El héroe se encuentra con sus semejantes, y entre ellos se forma y crece, esto es importante, Leo no avasalla a su equipo, se asocia con él. Messi y el Barça se pertenecen mutuamente. Luego llegan las pruebas. Lionel tiene un rival, un reto, un Cristiano. Dos hombres opuestos que abordan el problema desde sus armas, tan disimiles que son complementarias. Ronaldo ha sido el oponente perfecto.

Todo él es disciplina, método, control. Lo que en el argentino es naturalidad y genio, en el portugués es esfuerzo y precisión. Esa rivalidad más que deportiva, es casi teológica. Los bandos se dividen, unos están del lado del que se creó a sí mismo, que es predecible, casi una máquina. Otros nos situamos con lo que reconocemos como divino, ajeno, imposible. Messi es eso, un humano que fue dotado de algo más grande, que notamos propio y extraño a la vez. Incomprensible, falible, impredecible, mágico, y en ese sentido, inasible. Verlo jugar es casi como asistir a la consecución de un milagro. Las miles de jugadas que le hemos visto hacer sólo pudieron tener lugar en ese tiempo y en ese preciso lugar. Son irrepetibles. Un regalo.

Y así tenemos a ese Messi que trata de encontrar su don, de forzarlo, que se relaciona con él dramáticamente, porque a veces lo ciñe, y otras, no. Tenemos a un héroe que ha vuelto a casa. Cuando éste se va y regresa, las cosas son complicadas. Mucho se ha escrito sobre la relación Leo/Argentina, y solo diré que el futbol es un deporte de conjunto. Afortunadamente para el resto de nosotros, Lionel tiene su casa, a la que siempre vuelve, donde probablemente terminará sus días como jugador activo. Ahí ganó este año su sexto Balón de Oro.

Messi seguirá jugando un tiempo más. Mientras eso ocurra se mantendrá la idea de desentrañarlo, diseccionarlo, entenderlo. Sin embargo, hoy renuncio a ese esfuerzo, me quedo con disfrutarlo y admirarlo, porque para eso se hicieron los regalos, y estamos ante el mejor futbolista de todos los tiempos.

POR GUSTAVO MEOUCHI
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@GMOSHY67



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