El antiliberalismo del lopezobradorismo

En la arenga del Grito del 15 de septiembre, el presidente Andrés Manuel López Obrador aludió a valores primordiales del pensamiento y la práctica política como la libertad, la democracia y la justicia

Articulista invitado / Alejandro Echegaray / El Heraldo de México
Articulista invitado / Alejandro Echegaray / El Heraldo de México

¡Viva la libertad! ¡Viva la justicia! ¡Viva la democracia!

Andrés Manuel López Obrador

Presidente de México

En la arenga del Grito del 15 de septiembre, el presidente Andrés Manuel López Obrador aludió a valores primordiales del pensamiento y la práctica política como la libertad, la democracia y la justicia. El viva que profirió por la libertad nos podría permitir imaginar que hay la intención de construir un país en que sus habitantes puedan erigir sus vidas sin impedimentos para la realización de cualquier fin que anhelen perseguir. Se trata de lo que el filósofo, Isaiah Berlin, denominó libertad negativa, que alude a la ausencia de restricciones para hablar y pensar, para asociarse, resistir y actuar, para poseer una propiedad sin temor a confiscaciones injustas o ilegales.

Sin embargo, no existe nada en las ideas de AMLO que nos haga pensar que este concepto berliniano de la libertad vaya a ser considerado en su proyecto de nación. Más bien, todo lo contrario. Como en el caso de sus homólogos, Donald Trump y Jair Bolsonaro, AMLO ha emprendido acciones y formulado políticas públicas que amenazan y trastocan los pilares en los que está sustentada la democracia liberal. No es exagerado decir que el proceso de erosión al arreglo institucional y el asedio que han padecido los entes autónomos a partir del ascenso al poder del lopezobradorismo es una cruzada antidemocrática y antiliberal.

El liberalismo es la tradición de pensamiento que pugna por la defensa de las libertades individuales y surge como oposición al poder estatal, sobre todo cuando éste está representado por un solo hombre. Pero desde la llegada al poder del nuevo gobierno, hemos sido testigos del aumento del poder presidencial. El éxodo burocrático y la imposición de delegados en los estados fortalece al Presidente. El debilitamiento de entes autónomos como el INE y la CNDH, la reducción de recursos destinados a organizaciones de la sociedad civil, la intención de crear una nueva sala en la SCJN y la transformación del ejército en una policía fortifica la figura del Presidente de la República. La abrogación de la reforma educativa y el fortalecimiento de la CNTE, la eliminación de las estancias infantiles y el Seguro Popular, el cierre de comedores comunitarios y la discrecionalidad en la transferencia de recursos para la creación de clientelas electorales afectan a los sectores más desfavorecidos de la sociedad y acentúan el Poder del Ejecutivo. El desabasto de medicamentos y la ley de amnistía ponen en una situación de indefensión a los ciudadanos y refuerzan a la figura presidencial. Las consultas y plebiscitos a modo también trastocan los principios democráticos en los que se sostiene nuestra incipiente democracia y robustecen al Ejecutivo.

El lopezobradorismo ha encontrado una ventana de oportunidad política al poner en tela de juicio los avances logrados en el fortalecimiento de una sociedad libre y democrática. Octavio Paz decía que la democracia liberal significaba la existencia de una sociedad civil fuerte y de un Estado débil. El filósofo de Riga no podía estar más de acuerdo. Es una pena que las ideas en Palacio Nacional vayan en sentido contrario.

 

POR ALEJANDRO ECHEGARAY
POLITÓLOGO

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