El año más violento

No podemos normalizar los actos violentos que se registraron en Culiacán

Azul Etcheverry / Claraboya / Columnista de El Heraldo de México
Azul Etcheverry / Claraboya / Columnista de El Heraldo de México

Es difícil recordar una semana más violenta que la que hoy concluimos.

Complicado entender los acontecimientos, pero más aún las declaraciones de algunos servidores públicos.

Comenzamos la semana con 13 policías muertos durante una emboscada en Michoacán, quienes acudían a atender la instrucción de un juez respecto a un caso de violencia intrafamiliar. Terminaron masacrados y algunos calcinados, víctimas de grupos delictivos. Lo peor es que la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, con toda la calma, aseguró que se trataba de un caso cotidiano, de esos que suceden todos los días y a todas horas. ¿Y entonces?

Al día siguiente, en otro estado especialmente violento: Guerrero, murieron 14 civiles armados y un elemento del Ejército en un tiroteo. Como dijeran en Segob, lo normal. Pero, lo que no podemos normalizar y que, desde mi punto de vista será un parteaguas en la actual administración, son los actos violentos que se dieron en Culiacán, Sinaloa. ¿Cómo es posible que tras detener a Ovidio Guzmán López, el hijo de El Chapo, te conviertan el territorio en una zona de guerra en escasos minutos?

Para los habitantes de Culiacán, quienes vivieron horas de miedo, incertidumbre y violencia, seguramente agradecieron la liberación de Ovidio Guzmán, y con ella el alto al fuego en el municipio. Pero a nivel nacional e internacional, es imposible evitar el calificativo de ridículo. Ni en las series de criminales los liberan por verse rebasados por la delincuencia, ahora si aplica la popular frase: sólo en México.

Y sí, tenía razón Olga Sánchez al decir que estos hechos suceden todos los días y a todas horas, pero no necesitamos que nos lo diga, lo vivimos todos. Lo que necesitamos es que hagan algo para detener esa violencia. Suplicaría que no pida respaldo para la lucha del Presidente contra el crimen organizado, porque esa supuesta lucha no se ve, no se siente y no hay cifras que la respalden.

No podemos seguir escuchando por parte del Presidente que fuchi y guácala con la delincuencia, basta ya de que nos tomen el pelo con el cuento de acusar a los criminales con sus madres y abuelitas; la estrategia de abrazos, no balazos era graciosa para las campañas, pero ya están en el poder, ya es responsabilidad de ellos, quienes aseguraban tener la fórmula para cambiar las cosas. Sobra decir que lo único que ha cambiado, es que vamos directo a tener el año más violento en la historia moderna de México. Mientras tanto, los responsables siguen culpando a sus antecesores… en palabras de AMLO: ya chole.

POR AZUL ETCHEVERRY
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@AZULETCHEVERRY

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